UNDÉCIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Hoy comenzamos a leer en
el evangelio las consignas dadas por Jesús a sus Apóstoles respecto a su misión. San
Mateo recuerda, en primer lugar, la elección de los Doce, a quienes el Señor envía a
las muchedumbres abandonadas. Los Apóstoles son enviados, como Moisés lo había sido,
para anunciar a los hombres sin esperanza que Dios quiere hacer de ellos su pueblo. La
causa de que Cristo muriese por nosotros, dice San Pablo, es que Dios nos ama
reconciliados con Dios en su sangre, hemos sido salvados, y glorificados por su vida.
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LECTURA DEL LIBRO DEL ÉXODO 19, 2-6a
En aquellos días, los israelitas, al llegar al
desierto de Sinaí, acamparon allí, frente al monte. Moisés subió hacia Dios. El Señor
le llamó desde el monte diciendo: «Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a
los israelitas: «Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo a vosotros os
he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras
escucháis mi voz y guardáis mi alianza vosotros seréis mi propiedad personal entre
todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes
y una nación santa.»
SALMO RESPONSORIAL 99
R/ Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Aclamad al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
El Señor es bueno,
y su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.
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LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS 5, 6-11
Hermanos: Cuando nosotros todavía estábamos sin
fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos --en verdad, apenas habrá
quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atreviera uno a morir--; mas la
prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por
nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por
él salvos de la cólera ! Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por
la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos
por su vida! Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor
Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.
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Lectura del santo Evangelio según San Mateo 9, 36-l0, 8
En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes se compadecía de ellas,
porque estaban extenuadas y abandonadas «como ovejas que no tienen pastor". Entonces
dijo a sus discípulos: "La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad
pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies." Llamó a sus Doce
discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad
y dolencia. Estos son los nombres de los Doce apóstoles: el primero, Simón, el llamado
Pedro, y su hermano Andrés, Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan, Felipe y Bartolomé,
Tomás y Mateo el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el fanático, y Judas
Iscariote, el que lo entregó. A estos Doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría sino id a las
ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca.
Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis
recibido, dad gratis.»
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Gentes extenuadas - Jesús -
y abandonadas : aquellas de tus campos galileos.
Maltrechas, derrengadas bajo cargas informes : tus gentes te dolieron al mirarlas.
Como ovejas perdidas errantes sin pastor : así veías Tú a aquellos tus paisanos.
Y a mi, Señor ¡me miras como a un cordero tuyo : también necesitado de cariño?.
Yo no soy de tu pueblo ni de tu raza pura : pues sin suerte, nací samaritano. Pero,
¡no te doy pena cuando me ves maltrecho : vagando renqueante triste y solo?.
¡Pero si tu eres mío! dentro, Señor, me dices - ¡ y es a ti a quien envío en mi
nombre!. A que cures enfermos, a que limpies leprosos y a que des nueva vida a los
muertos.
Pero, Señor - replico - si yo soy el enfermo y el muerto y el leproso y el mendigo...
Pues por eso - me dices - por eso a ti te envío : porque sólo quien sabe que está
ciego puede guiar a otros... escuchando.