CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO
La encarnación del Hijo de Dios
En
este cuarto domingo, el tiempo de Adviento se orienta
ya por entero hacia la Natividad
de Jesús. A la vez que las lecturas
iluminan los preparativos para este acontecimiento
único, una figura se destaca
sobre todas, la de María, «la Virgen
que esperó con inefable amor». En ella la
espera de siglos, de la que se
hace eco la antífona de entrada, cobra su más pura expresión, puesto que María
«sobresale entre los humildes y
pobres del Señor, que de El esperan
con confianza reciben la salvación» (Vaticano II)
Ella, que esperaba, era a la vez
el ser en quien se realizó la
promesa. Es la virgen que ha de concebir, la hija
de Israel sobre la que
vino el Espíritu, a la vez humilde servidora
del Señor y mujer bendita entre todas las mujeres.
Sobrepasando la mirada henchida de veneración que dirige
hacia la Virgen María que espera
el alumbramiento, la Iglesia proclama hoy su fe en la encarnación del Hijo de
Dios. Pero,
para ella, la encarnación no puede ser separada de la
redención, sino que constituye
el primer tiempo del misterio pascual.
El Verbo se hizo carne en el seno de María,
precisamente para salvarnos por
medio del poder de su resurrección y para franquearnos las puertas de la vida
eterna.
Antífona
de Entrada
Cielos, destilad el rocío; nubes derramad la victoria; ábrase la tierra y
brote la salvación
Oración
Colecta
Oremos:
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que hemos conocido por el anuncio del
ángel la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su
cruz a la gloria de la resurrección. Por
nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
LITURGIA
DE LA PALABRA
Ocho siglos antes de
Cristo, anunciaba el profeta Miqueas su nacimiento en Belén en un oráculo que
había de guiar a los Magos hasta el Niño. Esa será nuestra primera lectura.
Luego, la carta a los Hebreos nos revelará las disposiciones que tenía el Hijo
de Dios al entrar en el mundo: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad».
En el evangelio por fin, podremos, junto con Isabel, saludar a la Virgen Madre,
«Bendita entre las mujeres», y proclamar la gloria de María, que es también
la gloria de la fe: «Dichosa tú que has creído».
LECTURA DEL LIBRO DE MIQUEAS 5, 2-5a
De ti saldrá el jefe de Israel
Esto dice el Señor: pero tú, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de
Judá, de ti saldrá el jefe de Israel.
Su origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial.
Los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz, y el resto de sus
hermanos retornarán a los hijos de Israel.
En pie pastoreará con la fuerza del Señor, por el nombre glorioso del Señor
su Dios,
Habitarán tranquilos porque se mostrará grande hasta los confines de la tierra
y ésta será nuestra paz.
SALMO RESPONSORIAL 79
R/ Oh Dios restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece.
Despierta m poder y ven a salvarnos.
Dios de los ejércitos,
vuélvete mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó
y que tú hiciste vigorosa.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste
no nos alejaremos de ti; danos vida,
para que invoquemos tu nombre.
LECTURA DE LA CARTA A LOS HEBREOS 10, 5-10
Aqu
í estoy para hacer tu voluntadHermanos Cuando Cristo entró en el mundo, dijo: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas; pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad." Primero: dice «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias --que se ofrecen según le ley--. Después añade: Aquí estoy yo para hacer tu voluntad. Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.
EVANGELIO Lc. 1, 38
Aleluya, aleluya.
Aquí está la esclava del Señor,
hágase en mí según tu palabra.
Aleluya.
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1 39-45
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá, entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre; Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
Oración de los
Fieles
Hermanos y hermanas, en esta noche en que se ha
manifestado la bondad de Dios, nuestro Salvador, hecho hombre, elevemos nuestras
súplicas, confiando no en las obras de nuestra justicia, sino en la infinita
misericordia de Dios, que es nuestro Padre.
Respondemos: Escúchanos Padre.
Por la santa Iglesia de Dios: para que espere con fe y reciba con gozo a
Jesucristo, a quien la Virgen inmaculada concibió y dio a luz, roguemos al Señor.
Por la paz y el progreso de todo el mundo: para que el don temporal se convierta
en premio eterno, roguemos al Señor.
Por los que sufren hambre, enfermedad o soledad: para que sean ayudados en su
cuerpo y en su alma por el misterio del nacimiento de Cristo, roguemos al Señor.
Por las familias de nuestra comunidad: para que aprendan a recibir a Cristo,
acogiéndolo en los pobres, roguemos al Señor.
Señor, Dios nuestro, que te encomiende nuestras súplicas
la Virgen María, que mereció llevar en su seno a Dios, hecho hombre,
Jesucristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Oración sobre las Ofrendas
El mismo Espíritu, que cubrió con su sombra y
fecundó con su poder las entrañas de María, la Virgen Madre, santifique,
Señor, estos dones que hemos colocado sobre tu altar. Por Jesucristo, nuestro
Señor.
Amén.
Prefacio
La doble espera de Cristo
El Señor esté con
vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el
corazón.
Lo tenemos levantado
hacia el Señor.
Demos gracias al
Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y
necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, nuestro Señor.
A quien todos los profetas anunciaron,
la Virgen esperó con inefable amor de madre;
Juan lo proclamó ya próximo
y señaló después entre los hombres.
El mismo Señor nos concede ahora
prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento,
para encontrarnos así, cuando llegue,
velando en oración y cantando su alabanza.
Por eso,
con los ángeles y los arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo,
Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
La Virgen concebirá y dará a luz un Hijo, y le
pondrá por nombre Enmanuel
Oración después
de la Comunión
Oremos:
Señor, que este pueblo que acaba de recibir la prenda de su salvación sienta
el deseo de celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo al acercarse la fiesta
de Navidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
EL GOZO DE CREER
La primera marcha misionera: María se pone en camino
rápidamente. Ella misma ha sido visitada por Dios y tiene que ir a encontrarse
con Isabel. Ambas han sido llamadas para dar vida. Todo es inaudito. Pero María
cree, le invade el gozo de entrar en los tiempos mesiánicos y de ser "la
esclava del Señor".
Es Adviento. Dios ha venido a visitarnos y recorrer nuestros caminos. Fomenta
con su llegada el encuentro, las relaciones mutuas. Favorece la vida dentro de
cada persona e impulsa a dar vida. Con su llegada lo imposible se hace posible,
la esterilidad se vuelve fecunda, aquello que en la persona y en el mundo era
improductivo, como tierra sin cultivar, se vuelve vida, bendición y despierta
vida en otros. Dios ha entrado en nuestra historia, ¿cómo no ponernos en
camino y encontrarnos y compartir con quienes nos necesitan?