SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

CICLO A

mana.jpg (11809 bytes)La primera lectura nos relata cómo Dios alimentó a su pueblo, mientras caminaba por el desierto, proporcionándole el maná. Pero ese alimento no preservaba de la muerte a cuantos lo comían. Jesús, por su parte, es el verdadero pan de vida: «El que come mi carne y bebe mi sangre, nos dice, tiene vida eterna». San Pablo añade en la epístola que, al participar del cuerpo del Señor y compartir su cáliz, los cristianos pasan a formar entre ellos mismos «un solo cuerpo».

LECTURA DEL LIBRO DEL DEUTERONOMIO 8, 2-3. 14b-16a

Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres

Moises01N.jpg (12580 bytes)Habló Moisés al pueblo y dijo: Recuerda el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. El te afligió haciéndote pasar hambre y después te alimentó con el maná--que tú no conocías ni conocieron tus padres--para enseñarte que no sólo de pan vive e] hombre, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No sea que te olvides del Señor tu Dios que te sacó de Egipto ,de la esclavitud que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones v alacranes, un sequedal sin una gota de agua; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.

SALMO RESPONSORIAL 147

R/ Glorifica al Señor Jerusalén. (o, Aleluya.)

Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión,
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.

Ha puesto paz en tus fronteras
te sacia con flor de harina;
él envía su mensaje a la tierra
y su palabra corre veloz.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;

con ninguna nación obró así
ni les dio a conocer sus mandatos.

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 10, 16-17

bcorpubn.gif (40697 bytes)El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo

Hermanos: El cáliz de nuestra Acción de Gracias, ¿no nos une a todos en la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo?
El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Jn 6, 51-52 Aleluya, aleluya.

Yo soy el pan vivo bajado del cielo, dice el Señor; quien coma de este pan, vivirá siempre. Aleluya.

Lectura del santo Evangelio según San Juan 6 51-58

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida

panvivo1N.jpg (19771 bytes)En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban entonces los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre no tenéis vida en vosotros .El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre."

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CICLO   B

En este ciclo las lecturas atraen nuestra reflexión hacia el misterio de la sangre de Cristo. En el evangelio, oímos que Jesús declara a sus discípulos, mientras les ofrece la copa: «Esta es mi sangre, sangre de la Alianza». De este modo, evocaba, el sacrificio de la alianza sellada entre Dios y su pueblo en el Sinaí. Pero también prefiguraba el sacrificio que iba a ofrecer sobre la cruz. Cuando en la epístola meditemos sobre el alcance del sacrificio de Cristo, celebraremos, una vez más, el memorial con una fe más viva

LECTURA DEL LIBRO DEL ÉXODO 24, 3-8

Esta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros

moises0N.jpg (16229 bytes)En aquellos días Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: "Haremos todo lo que dice el Señor".- Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos y vacas, como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar Después tomó el documento de la alianza se lo leyó en alta voz al pueblo el cual respondió: «Haremos todo lo que manda el Señor y le obedeceremos.» Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo: "Esta es la sangre de la Alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos."

SALMO RESPONSORIAL 115

R/ Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre. . Aleluya.)

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos,
en presencia de todo el pueblo

LECTURA DE LA CARTA A LOS HEBREOS

La sangre de Cristo purificará nuestra conciencia.

moises1N.jpg (15039 bytes)Cristo ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes definitivos. Su templo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado. No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna. Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar de las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa; cuánto más la sangre de Cristo que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo. Por eso El es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; v así llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.

Aleluya, aleluya. Jn. 6 51-52

Yo soy el pan vivo bajado del cielo, dice el Señor;
quien coma de este pan vivirá siempre. Aleluya.

Lectura del santo Evangelio según San Marcos

Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre

cena9N.jpg (23207 bytes)El primer día de los ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» El envió a dos discípulos diciéndoles: «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa en que entre, decidle al dueño: 'El maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?' Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.» Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición. lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo. Cogiendo una copa, pronuncio la acción de gracias, se la dio y todos bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.»
Después de cantar el salmo, salieron para el Monte de los Olivos.

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CICLO C

La epístola nos presenta hoy, cuando nos ofrece el más antiguo testimonio de la celebración de la comida del Señor por parte de los cristianos, el primer relato de su institución recogido por San Pablo a comienzos del año 57. La multiplicación de los panes, de que nos habla el evangelio, preparó, sin duda, a los discípulos para recibir la revelación del banquete en que Jesús se entregaría a sí mismo como comida. En cuanto a la ofrenda de pan y vino que hizo Melquisedec, como narra el Génesis, nos parece que constituye una lejana profecía de la Eucaristía y del sacerdocio de Cristo.

Lectura del Libro del Génesis 14, 18-20

En aquellos días, Melquisedec, rey de Salem, ofreció pan y vino Era sacerdote del Dios Altísimo. Y bendijo a Abrahán diciendo: «Bendito sea Abrahán de parte del Dios Altísimo, que creó el cielo y la tierra. Y bendito sea el Dios Altísimo que ha entregado tus enemigos a tus manos.» Y Abrahán le dio el diezmo de todo.

 

SALMO RESPONSORIAL 109

R/ Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies".

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe
desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado
y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

Lectura de la 1ª Carta del apóstol S. Pablo a los Corintios 11, 23-26

corpu0x.jpg (9789 bytes)Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con la copa después de cenar, diciendo: «Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis de la copa, proclamaréis la muerte del Señor, hasta que vuelva.


Secuencia

He aquí el pan de los ángeles
hecho viático nuestro;
verdadero pan de los hijos,
no lo echemos a los perros.

Figuras lo representaron;
Isaac sacrificado,
el cordero pascual inmolado
y el maná que
alimentó a nuestros padres.

Buen Pastor, pan verdadero,
Jesús, ten piedad.
Apaciéntanos y protégenos.
Haz que veamos los bienes
en la tierra de los vivientes.

Tú, que todo lo sabes y puedes,
que nos apacientas aquí
siendo aún mortales,
haznos allí tus comensales,
coherederos y compañeros de los santos

Lectura del santo Evangelio según San Lucas

corpu21x.jpg (12057 bytes)En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar a la gente del Reino de Dios, y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde y los Doce se le acercaron a decirle: «Despide a la gente, que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida; porque aquí estamos en descampado.» El les contestó: «Dadles vosotros de comer.» Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.» (Porque eran unos cinco mil hombres.) Jesús dijo a sus discípulos: «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.» Lo hicieron así, y todos se echaron. El, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y comieron las sobras: doce cestos.


Oración de los Fieles

Antes de disponer la mesa santa donde el Señor hará nuevamente presente su tránsito pascual que salva a todos los hombres, elevemos, hermanos y hermanas, nuestras súplicas a Dios Padre con la plena confianza de ser escuchados: Respondemos a cada petición: Escúchanos Señor.

Para que los obispos y presbíteros, cuando presidan la celebración eucarística, vivan tan plenamente identificados con el Señor que el pueblo vea en ellos la imagen viva de Cristo, que preside a quienes se han reunido en su nombre, roguemos al Señor.

Para que pronto llegue el día en que todos los cristianos celebremos la Eucaristía en la unidad de una sola Iglesia; y todos los hombres, de un extremo al otro del mundo, ofrezcan el sacrificio del Cuerpo y la Sangre de Cristo, roguemos al Señor.

Para que los fieles que se encuentran a las puertas de la muerte dejen este mundo llenos de paz y, confiando en las promesas del Señor y fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, lleguen al reino de la felicidad y de la vida, roguemos al Señor.

Para que el Señor fortalezca constantemente nuestra fe y acreciente nuestro amor, a fin de que adoremos siempre en espíritu y verdad a Cristo, realmente presente en el admirable sacramento de la Eucaristía, roguemos al Señor.

Escucha, Padre santo, las súplicas de tu familia, reunida para celebrar el sacramento pascual del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo; y derrama sobre ella la abundancia del Espíritu Santo para que, por la participación en tus dones, nuestra vida se convierta en una continua acción de gracias y en la expresión de aquella perfecta alabanza que ha de tributarte toda criatura en el cielo y en la tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Prefacio
El sacrificio y el sacramento de Cristo

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
El cual, en la última cena con los apóstoles,
para perpetuar su pasión salvadora,
se entregó a sí mismo como Cordero inmaculado
y Eucaristía perfecta.
Con este sacramento alimentas y santificas a tus fieles,
para que su misma fe ilumine y su mismo amor
congregue a todos los hombres que habitan un mismo mundo.
Así, pues, nos reunimos en torno a la mesa
de este Sacramento admirable, para que la abundancia de tu gracia nos lleve a poseer la vida celestial.
Por eso, Señor, todas tus criaturas, en el cielo y en la tierra,
te adoran cantando un cántico nuevo; y también nosotros,
con los ángeles, te aclamamos por siempre diciendo:
Santo, Santo, Santo…

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SER PANpan1cX.jpg (9536 bytes)

Jesús bendijo, partió, multiplicó el pan e hizo que lo repartieran. Cuando compartimos, Dios multiplica y sacia todas nuestras hambres. Jesús, haciendo un signo, se queda para siempre como signo. Es:
Pan partido para indicar hasta dónde ha de llegar el amor, dispuesto a dejarse trocear como pan.
Pan compartido para enseñarnos a poner en común cuanto somos y tenemos.
Pan que urge al compromiso para que el mundo llegue a ser un reflejo de lo que se vive en la Eucaristía.
Pan que llega a la entrega para aprender a amar hasta gastarse, al alimentarse de un amor, oblativo.
Pan para vivir la comunión con Dios y con todos los hermanos, con preferencia hacia los, más necesitados.
Pan generoso, libre, gratuito, hasta ser la levadura que hace fermentar la masa.

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