VIGÉSIMO PRIMER DOMINGO
A
penitencial
Pongámonos ante Dios, y pidámosle que nos dé su misericordia y su perdón.
Tú
que has venido a buscar al que estaba perdido, Señor, ten piedad.
Tú que has querido dar la vida en rescate por todos, Cristo, ten piedad.
Tú que reúnes a tus hijos dispersos, Señor, ten piedad.
Jesús nos dice en el evangelio que todos los hombres han sido
llamados a vivir con Dios, pero, asimismo, que, por lo que toca a la salvación, no hay
posiciones adquiridas. Cada uno ha de pasar por la puerta estrecha de la renuncia y del
don de sí mismo. La lectura profética expresa, en términos llenos de colorido, el plan
de Dios, que consiste en congregar a todos los hombres para mostrarles su gloria. La
Iglesia tiene que ser el signo de la unidad del género humano. La carta a los Hebreos,
cuya lectura continúa, exhorta a los cristianos perseguidos a soportar su prueba como una
purificación a la que les invita Dios
LECTURA DEL LIBRO DE ISAÍAS. 66,1871
Esto dice el Señor: Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán
para ver mi gloria, les daré una señal, y de entre ellos despacharé supervivientes a
las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia; a las costas lejanas que
nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria y anunciarán mi gloria a las naciones. Y de
todos los países, como ofrenda al Señor traerán a todos vuestros hermanos a caballo y
en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi Monte Santo de Jerusalén--dice
el Señor--, como los israelitas, en vasijas puras, traen ofrendas al templo del Señor.
De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas --dice el Señor--.
SALMO RESPONSORIAL 116 MC 16,15
R/ Id al mundo entero y proclamad el Evangelio
Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.
Firme es su misericordia con nosotros
su fidelidad dura por siempre.
Lectura de la Carta a los Hebreos 12,5-7.11-13

ALELUYA
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida
- dice el Señor -
nadie va al Padre, sino por mí.
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 13, 22-30
En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas
enseñando. Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?» Jesús les
dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar
y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera
y llamaréis a la puerta diciendo: 'Señor, ábrenos' y él os replicará: 'No sé
quiénes sois.' Entonces comenzaréis a decir: 'Hemos comido y bebido contigo y tú has
enseñado en nuestras plazas.' Pero él os replicará: 'No sé quiénes sois. Alejaos de
mí, malvados.' Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a
Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis
echados fuera. Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la
mesa en el Reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán
últimos."
Oración de los Fieles
Pidamos
queridos, hermanos, a Dios todopoderoso y eterno, que nos conceda orar con tal
confianza que merezcamos obtener lo que pedimos. Respondemos:
Escúchanos, Padre.
Por
la Iglesia de Dios, extendida de oriente a occidente: para que el Señor la
mantenga firme hasta el fin de los tiempos, roguemos al Señor.
Por
cuantos tiene autoridad en el mundo; para que bajo su gobierno todos los pueblos
progresen en paz, libertad y concordia, glorificando a Cristo, nuestra
esperanza, roguemos al Señor.
Por
el buen tiempo y a la abundancia de las cosechas: para que el Señor dé a todos
el pan de cada día, roguemos al Señor.
Por
los enfermos, los emigrantes y los desterrados, por los que se sienten oprimidos
en su trabajo o carezcan de él: para que el Señor sea su ayuda y consuelo
roguemos al Señor.
Por
cuantos estamos aquí reunidos, por nuestros hermanos ausentes y por todas
nuestras intenciones: para que el Señor nos guarde a todos en la fe y nos reúna
en el reino de su Hijo, roguemos al Señor.
Dios
nuestro, que invitas a los hombreas a entrar por la puerta estrecha de la cruz
hacia el gozoso banquete de tu reino, escucha nuestras oraciones y danos la
fuerza de tu Espíritu, para que siguiendo las huellas de tu Hijo, tengamos
parte en la festiva de su gloria. Por
Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
La alabanza, don de Dios
El
Señor esté con vosotros.
Y con tu Espíritu.
Levantemos
el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos
gracias al Señor.
Es justo y necesario.
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Pues, aunque no necesitas de nuestra alabanza,
es don tuyo el que seamos agradecidos;
y aunque nuestras bendiciones no aumentan tu gloria,
nos aprovechan para nuestra salvación.
Por Cristo nuestro Señor.
Por eso, unidos a los ángeles, te aclamamos llenos de alegría.
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Lucas recuerda que "marchamos hacia Jerusalén", y
que Jesús "enseña y abre el camino" hacia la prueba. En esa andadura, la
cuestión no está en el número de los que se salvan como creía alguno de los oyentes de
Jesús -, sino en el interés y el esfuerzo para hacer el camino. En vivir y poner en
práctica la palabra de Dios, y no en haber "comido y bebido con Jesús.
Escribe N. Kazanzakis:
"Manolios le preguntó en voz baja:
-¿Cómo se debe amar a Dios, padre mío?
Amando a las personas, hijo mío.
-¿Y cómo se debe amar a las personas?
- Esforzándonos en guiarlas por el buen camino.
-¿Y cuál es el buen camino?
.- El que sube".