PENTECOSTÉS

El domingo de Pentecostés señala la conclusión de los cin­cuenta días de Pascua (víspera 0 la, Pr): éste es el último día de fiesta (evangelio de la víspera). Pero, de modo espe­cial, es el día de la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y el de la expansión misionera de la Iglesia. Las dos misas la de la víspera y la del día‑ desarrollan, dentro de una amplia gama de lecturas bíblicas a elección, los múltiples aspectos de. la solemnidad del Espíritu. 

MISA VESPERTINA DE LA VIGILIA

Al celebrar el don del Espíritu, que se perpetúa en la Igle­sia desde el día de Pentecostés, la liturgia insiste de modo especial, al comienzo de la fiesta, en las profecías acerca de este don, que llenan el Antiguo y el Nuevo Testamento, desde el Génesis hasta el Evangelio. A través de los tiempos, la reflexión cristiana sobre el misterio de Pentecostés se ha nutrido de los cuatro textos que se ofrecen a elección como primera lectura.
Pentecostés hizo de la Iglesia la anti-Babel (Lectura l), la ciudad en la que «los pueblos divididos por el odio y el pecado se congregaron para que las diversas lenguas encon­trasen su unidad en la confesión del nombre del Señor». Pentecostés es la fiesta de la promulgación de la Ley (Lectura 2), pero la Ley de la Nueva Alianza no fue entregada sobre el monte Sinaí, sino que se halla inscrita en los corazones por el Espíritu Santo que los ilumina. El don del Espíritu, en el día de Pentecostés, hizo surgir de entre los muertos al nuevo pueblo de Dios: el Espíritu es aliento de vida (Lectura 3). Finalmente, la profecía de Joel, que vaticina la irrupción del Espíritu de Dios en los tiempos mesiánicos, es el texto al que alude San Pedro (Hech. 2, 16-21) cuando se dirige al pueblo el día de Pente­costés (Lectura 4). Todo ese largo camino de la revelación desemboca en el llamamiento de Jesús: «El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba» (Evangelio).

ANTÍFONA DE ENTRADA                 Rom 5, 5; 10.11

El amor de Dios ha sido derrama en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. Aleluya.

Se dice «Gloria».

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que has querido que la celebración de la Pascua durase simbólicamente cincuen­ta días y acabase con el día de Pentecostés; te pedimos que los pueblos divididos por el odio y el pecado se congreguen por medio de tu Espíritu y que las diversas lenguas encuentren su unidad en la confesión de tu nombre. Por nuestro Señor.

o bien:

Dios todopoderoso, brille sobre nosotros el esplendor de tu gloria y que el Espíritu Santo, luz de tu luz, forta­lezca los corazones de los regenerados por tu gracia. Por nuestro Señor.

Se dice «Credo».

LITURGIA DE LA PALABRA

Mientras que la lectura del Antiguo Testamento y la del Evangelio nos anuncian el don del Espíritu que había de tener cumplimiento en el día de Pentecostés, San Pablo describe en su carta a los Romanos la acción del mismo Espíritu, que habita en nosotros (cfr. A 1): El es quien, en nuestro interior, «quiere lo que Dios quiere» y nos enseña a vivir según su corazón.

Para la segunda lectura se puede elegir una de las cuatro que siguen:

1. LECTURA DEL LIBRO DEL GÉNESIS                   11, 1‑9

Se llamó Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra

Toda la tierra hablaba una sola lengua con las mismas palabras. Al emigrar (el hombre) de Oriente, encontraron una llanura en el país de Sinaar y se establecieron allí. Y se dijeron tinos a otros. Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos (emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de cemento). Y dijeron: Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos famosos, y para no dispersarnos por la superficie de la tierra.
El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres y se dijo: Son un solo pueblo con una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo
de su actividad, nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Voy a bajar y a confundir su lengua, de .modo que uno no entienda la lengua del prójimo. El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad. Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra.

2 LECTURA DEL LIBRO DEL ÉXODO  19, 3‑8a.16‑20b

El Señor bajará al monte Sinaí a la vista del pueblo

En aquellos días Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde el monte, diciendo: «Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los israelitas: Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa. Estas son las palabras que has de decir a los israelitas.» Moisi1s convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todo lo que el Señor le había mandado. Todo el pueblo, a una, respondió: «Haremos todo cuanto ha dicho el Señor.» Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relám­pagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar. Moisés hizo salir al pue­blo del campamento para ir al encuentro de Dios y se detuvieron al pie del monte. Todo el Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre él en forma de fuego. Subía el humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia. El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno. El Señor bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte, y llamó a Moisés a la cima de la montaña.

3 LECTURA DEL LIBRO DE EZEQUIEL  37,144

¡Huesos secos! Os infundiré espíritu y viviréis

En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mí, y con su Espíritu el Señor me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas en torno a ellos: eran innumerables sobre la superficie del valle y estaban completamente secos. Me preguntó: «Hombre mortal, ¿podrán revivir estos huesos?» Yo respondí: «Señor, tú lo sabes.» El me dijo: «Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: huesos secos, escuchad la Palabra del Señor! Así dice el Señor a estos huesos: Yo mismo traeré sobre vosotros espíritu y viviréis. Pondré sobre vosotros tendones, haré crecer sobre vosotros carne, extenderé sobre vosotros piel, os infundiré espíritu y viviréis. Y sabréis que yo soy el Señor.»
Y profeticé como me había ordenado, y a la voz de mi oráculo, hubo un estrépito, y los huesos se juntaron hueso con hueso. Me fijé en ellos: tenían encima tendones, la carne había crecido y la piel los recubría; pero no tenían espíritu. Entonces me dijo: «Conjura al espíritu, conjura, hombre mortal, y di al espíritu: Así dice el Señor: De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan.» Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innu­merable.
Y me dijo: «Hombre mortal, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos destrozados. Por eso profetiza y diles. Así dice el Señor: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.» Oráculo del Señor.

4 LECTURA DEL LIBRO DE JOEL            2, 28‑32

Sobre mis siervos y siervas derramaré mí Espíritu

Así dice el Señor Dios:
Derramaré mí espíritu sobre toda carne: profetizarán vuestros hijos e hijas, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.
También sobre mis siervos y siervas derramaré mi espíritu en aquellos días.
Haré prodigios en el cielo y en la tierra: sangre, fuego, columnas de humo.
El sol se entenebrecerá, la luna se pondrá color sangre, antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible.
Cuantos invoquen el nombre del Señor se salvarán.
Porque en el monte Sión y en Jerusalén quedará un resto; como lo ha prometido el Señor a los supervivientes que llamó.

SALMO RESPONSORIAL 103

R/  Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. (o, Aleluya.)

 Bendice, alma mía, al Señor.
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
¡Bendice, alma mía, al Señor!

Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo;
se la echas y la atrapan,
abres tu mano y se sacian de bienes.

Les retiras el aliento, y expiran,
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS 8, 22‑27

El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables

Hermanos: Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvados. Y una esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Cómo seguirá esperando uno aquello que ve? Cuando esperamos lo que no vemos, esperamos con perseverancia. Así también el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. El que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

EVANGELIO

Aleluya, aleluya. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Aleluya.

Lectura del santo Evangelio según San Juan 7, 37‑39

Manarán torrentes de agua viva

El último día, el más solemne de las fiestas, Jesús en pie gritaba: «El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva.» Decía esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía no se había dado el espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Sobre estos dones que te presentamos, Señor, derrama la bendición de tu Espíritu, para que tu Iglesia quede inundada de tu amor y sea ante todo el mundo signo visible de la salvación. Por Jesucristo.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN              Jn. 7, 37

El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús en pie gritaba: el que tenga sed, que venga a mí. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

La comunión que acabamos de recibir, Señor, nos comu­nique el mismo ardor del Espíritu Santo que tan mara­villosamente inflamó a los apóstoles de tu Hijo. Que vive y reina.

MISA DEL DIA

El Tiempo pascual concluye con la revelación de su verda­dero carácter: es el tiempo del Espíritu Santo. Queda enmarcado en una doble efusión del Espíritu en su primer día y en el último, la noche de la Resurrección y la mañana de Pentecostés ‑‑conforme nos dicen en el día de hoy la lectura del evangelio y la de los Hechos de los Apóstoles. La liturgia nos presenta, como en una especie de meditación acerca de la palabra de Dios, al Espíritu Santo a la vez como una fuerza de expansión comunitaria y como un principio de interiorización. El Espíritu de Dios llena el univer­so, cuya unidad garantiza; santifica a la Iglesia «extendida por todas las naciones», y difunde sus dones «sobre todos los confines de la tierra». Mas, al mismo tiem­po, penetra en los corazones, los llena del fuego de su amor (Aleluya) y los «lleva al conocimiento pleno de toda la verdad». Es el principio vital del cristiano en quien actúa, ya a la manera de un fuego que abrasa o como una fuente de agua viva que regenera (Secuencia). Bien sea gobernando el cuerpo de la Iglesia, o modelando a cada uno de los bautizados, su objetivo es hacer que todos entonen las maravillas de Dios.  

ANTÍFONA DE ENTRADA                 Sab 1, 7

El Espíritu del Señor llena el mundo, y él, que mantiene todo unido, habla con sabiduría. Aleluya.

o bien: Rom. 5, 5;

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu que se nos ha dado. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Oh Dios, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones; derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica. Por nuestro Señor Jesucristo.

LITURGIA DE LA PALABRA

Las tres lecturas hacen notar el hecho de que el Espíritu Santo fue dado a los Apóstoles en relación con su misión. Esto es lo que se deduce del relato evangélico y de la descripción del suceso de Pentecostés del libro de los Hechos. En cuanto a San Pablo, que analiza en la carta a los Romanos la acción íntima del Espíritu Santo en cada uno de los fieles (misa de la víspera, nos presenta aquí al Espíritu como principio de la unidad de la Iglesia en la diversidad de sus ministerios.

Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar

Lectura del libro de los hechos de los Apóstoles 2,1-11

Todos los discípulos estaban juntos el día de Pentecostés. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.
Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban: ¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos, también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.


Salmo responsorial. 103

R/ Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra

Bendice, alma mía, al Señor
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas.

Les retiras el aliento, y expiran,
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.

Gloria a Dios para siempre,
goce el señor con sus obras.
Que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor.

Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. sentó a su derecha en el cielo

Lectura de la 1ª carta del apóstol San Pablo a los Corintios 12, 3b 7.12-13

Hermanos: Nadie puede decir «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.
Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

SECUENCIA 

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.

Aleluya

Aleluya, Aleluya .
Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos la llama de tu amor.
Aleluya.

Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo.

Lectura del santo Evangelio según San Juan 20,19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo." Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»


Oración de los Fieles

Oremos, hermanas y hermanos, e invoquemos a Cristo, que, entronizado a la derecha de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido, y pidámosle que lo derrame sobre la Iglesia y sobre todo el mundo: A cada petición respondemos: Escúchanos, Señor.

Oremos a Cristo, el buen pastor de la Iglesia, que nos mereció la efusión del Espíritu Santo, y pidámosle que sean iluminados por este mismo Espíritu el Papa, nuestros obispos y todos los demás pastores de la Iglesia, a fin de que conduzcan su rebaño por las sendas de la salvación, roguemos al Señor.

Pidamos también al Señor resucitado, que envió su Espíritu en forma de lenguas para destruir la división de Babel, que congregue en la unidad y conceda la paz a todas los pueblos y naciones del mundo, roguemos al Señor.

Supliquemos al vencedor de la muerte que envíe el Consolador a los que sufren, para que encuentren fuerza y consuelo en la contemplación del misterio pascual y les dé la firme esperanza de que están llamados a la resurrección y a la felicidad de su reino, roguemos al Señor.

Pidamos al Hijo de Dios, que desde el Padre nos ha enviado el Espíritu Santo, que este mismo Espíritu nos recuerde constantemente sus palabras y nos dé la fuerza que necesitamos para dar testimonio de él hasta los confines del mundo, roguemos al Señor.

Terminemos nuestra oración pidiendo al mismo Espíritu que resucitó a Cristo de entre los muertos, que permanezca en nosotros y nos disponga para ser piedras vivas del templo eterno de Dios, roguemos al Señor.

Escucha, Señor, las oraciones de tu pueblo y haz que quienes nos disponemos a clausurar, con la solemnidad de hoy, las fiestas pascuales, renovados y fortalecidos por tu Espíritu, vivamos continuamente la novedad pascual y lleguemos también a las fiestas de la pascua eterna. Por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Te pedimos, Señor, que, según la promesa de tu Hijo,  el Espíritu Santo nos haga comprender la realidad mis­teriosa de este sacrificio y nos lleve al conocimiento pleno de toda la verdad revelada. Por Jesucristo.

PREFACIO

El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.  

En verdad es justo y necesario
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual,
enviaste hoy el Espíritu Santo
sobre los que habías adoptado como hijos
por su participación en Cristo.
Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo,
fue el alma de la Igle­sia naciente;
el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos,
reunidos en Jerusalén;
el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe
a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas.
Y el mismo Espíritu que sigue vivificando a tu Iglesia,
e inspira a todos los hombres de buena voluntad que buscan tu reino.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual,
el mundo entero se desborda de alegría
y también los coros celestiales,
los ángeles y arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Santo...

ANTÍFONA DE COMUNIÓN              Hech. 2, 4-11

Se llenaron todos de Espíritu Santo, y cada uno hablaba de las maravillas de Dios. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Oh Dios, que has comunicado a tu Iglesia los bienes del cielo: que el Espíritu Santo sea siempre nuestra fuerza y la eucaristía que acabamos de recibir acreciente en nosotros la salvación. Por Jesucristo.

 

Ven, espíritu santo, ven a nuestra tierra 

La fiesta de Pentecostés es la tercera gran Pascua cristiana, la tercera fiesta liberadora. La primera es Navidad, cuando Dios se hace hombre, fiesta de ternura y esperanza porque Dios viene a salvar a su pueblo. La segunda es Resurrección, día de vida y victoria, de amor que vence a toda muerte. La tercera es Pentecostés : Dios se hace "huésped del alma", fuego, don que todo lo recrea.
Sin el Espíritu Santo, Dios queda lejos ; Cristo pertenece al pasado ; el evangelio es letra muerta ; la Iglesia, una organización más ; la autoridad un dominio ; la misión una propaganda ; el culto una evocación ; el obrar cristiano, una moral de esclavos.
Pero con Él, el cosmos se eleva y gime en la infancia del Reino ; Cristo ha resucitado ; el evangelio es potencia de vida ; La Iglesia comunión trinitaria, la autoridad, servicio liberador ; la misión, Pentecostés ; el culto memorial y anticipación ; el obrar humano, realidad divina.