DOMINGO DE RAMOS

El primer día del triduo pascual, el viernes santo, conme­moramos la Pasión del Señor. La Iglesia, sin embargo, quiere leer hoy su relato en la asamblea dominical, a fin de que la cruz de Cristo domine toda la semana. Así transcurre ésta desde el domingo de Pasión hasta el de Resurrección. No se debe olvidar, con todo, que Pasión y Resurrección son los dos tiempos de un mismo misterio de muerte y vida, que limpia nuestras faltas y nos conquista la amistad con Dios.
La misa de la Pasión va precedida de la procesión de Ramos, o bien comienza al menos con la evocación de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Jesús quiso inaugurar su pasión proyectando sobre ella una luz profética anunciadora de su victoria. Esta es la razón de su entrada mesiánica en la ciudad de David. Al hacer suyos los Hosanna que coreaba el gentío, los cristianos proclaman su fe en Cristo Señor soberano de la vida. El pueblo de Dios entra solemnemente, detrás de la cruz y del sacerdote, en el templo donde va a renovar el sacrificio de reconciliación con el Padre. Mas esta ceremonia es asimismo la expresión de su esperanza, puesto que se sabe en camino hacia la Jerusalén de lo alto, cuyas puertas le ha franqueado el Señor Jesús el día de su ascensión.
La liturgia del domingo de Pasión, tras cantar el triunfo mesiánico de Jesús, nos invita a seguirle en sus humillaciones. La de la Noche pascual celebrará en Jesucristo la victoria de la Vida sobre la Muerte, de la gloria sobre el aniqui­lamiento. Es menester haberse entusiasmado con el Cristo glorioso para acompañarle en su pasión sin perder paso y hay que haber comulgado en su cruz para participar en su vida. Toda la semana santa descansa en este doble movi­miento, al igual que la vida misma de la Iglesia y la de cada cristiano.


CONMEMORACIÓN DE LA ENTRADA DEL SEÑOR EN JERUSALÉN

En este día la Iglesia recuerda la entrada de Cristo, el Señor, en Jerusalén para consumar su misterio pascual. Por tanto, en todas las misas se hace memoria de esta entrada del Se­ñor: por la procesión o entrada solemne antes de la misa principal, o por la entrada simple antes de las restantes misas. La entrada solemne, no así la procesión puede repetirse antes de aquellas misas que se celebran con gran asistencia de fieles.

FÓRMULA 1: LA PROCESIÓN 

A la hora señalada se reúnen todos en una iglesia menor o en otro lugar apto fuera de la iglesia a la que se va a ir en procesión. Los fieles tienen en sus manos los ramos.

El sacerdote y los ministros se dirigen al lugar donde se ha congregado el pueblo. El sacerdote, en lugar de la casulla puede ponerse la capa pluvial, que se quita una vez acabada la procesión.

Mientras tanto se canta la siguiente antífona o un canto apropiado:

ANTÍFONA                Mt 21, 9

Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor,
el Rey de Israel. Hosanna en el cielo!

El sacerdote, al llegar, saluda al pueblo como de costumbre; Y seguidamente hace una breve monición, en la que invita a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebra­ción de este día, Dice estas palabras u otras semejantes: 

Queridos hermanos: Ya desde el principio de Cuaresma nos venimos preparando con obras de penitencia y cari­dad. Hoy, cercana ya la Noche Santa de la Pascua, nos disponemos a inaugurar, en comunión con toda la Igle­sia, la celebración anual dé los misterios de la Pasión y Resurrección de Jesucristo, misterios que empezaron con la solemne entrada del Señor en Jerusalén. Por ello, recordando con fe y devoción la entrada triunfal de Jesucristo en la ciudad santa, le acompañaremos con nuestros cantos, para que participando ahora de su cruz, merezcamos un día tener parte en su resurrección.

Después de la monición, el sacerdote dice una de las siguien­tes oraciones:

Oremos.

Dios todopoderoso y eterno, santifica con tu bendición + estos ramos, y a cuantos vamos a acompañar a Cristo aclamándole con cantos, concédenos, por él, entrar en la Jerusalén del cielo. Por Jesucristo.
Amén.

o bien:

Oremos. Acrecienta, Señor, la fe de los que en ti espe­ran y escucha las plegarias de los que a ti acuden, para que quienes alzamos hoy los ramos en honor de Cristo victorioso, permanezcamos en él, dando frutos abundantes. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Y, en silencio, rocía con agua bendita los ramos.

EVANGELIO

Entrada mesiánica del Señor en Jerusalén

Los cuatro evangelios relatan la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Todos han conservado la aclamación mesiánica, que repetimos en cada misa al final del prefacio: «Bendito el que viene en nombre del Señor». Si bien San Lucas ha pasado por alto el recordar los ramos que agitaba la muche­dumbre, sin embargo, añade: «Paz en el cielo y gloria en las alturas», rememorando así, en el umbral de la Pasión, el cántico de los ángeles en la noche de Navidad.

Seguidamente se proclama el Evangelio de la entrada del Señor, según uno de los cuatro evangelistas. Es leído por un diácono o, en su ausencia, por un sacerdote, en la forma acostumbrada.

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 FÓRMULA 2.: ENTRADA SOLEMNE

Cuando no se ha hecho procesión fuera de la iglesia, la en­trada del Señor se celebra dentro de la iglesia, por medio de la entrada solemne antes de la misa principal.

Los fieles se reúnen o en la puerta de la Iglesia o en la misma iglesia, teniendo los ramos en la mano. El sacerdote, los ministros y una representación de fieles se dirigen al lugar más apto de la iglesia ‑fuera del presbiterio‑ Ande la mayor parte de los fieles pueda ver el rito.

Mientras el sacerdote se dirige al lugar escogido, se canta la antífona Hosanna u otro canto adecuado. Se tiene seguida­mente la bendición de los ramos y la proclamación del Evangelio de la entrada del Señor en Jerusalén, como se ha indicado más arriba. Después del Evangelio el sacerdote con los ministros y unos cuantos fieles se dirigen solemnemente por la iglesia hacia el presbiterio, mientras se canta el responsorio u otro canto apto.

Cuando ha llegado al altar, el sacerdote lo venera, después va a la sede, y, omitiendo otros ritos, dice la oración colecta de la misa, que seguidamente se desarrolla como de costumbre.
 
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FÓRMULA 3.: ENTRADA SIMPLE

 En las restantes misas de este domingo en las que no se tiene entrada solemne, se hace memoria de la entrada del Señor en Jerusalén por medio de la entrada simple. Mientras el sacerdote se dirige al altar, se canta la antífona de entrada con el salmo u otro canto sobre el mismo tema.
El sacerdote, después que ha llegado al altar, lo venera se dirige a la sede y
saluda al pueblo. Seguidamente la misa se desarrolla como de costumbre.
En las misas sin pueblo y en las otras misas en que no se puede tener canto de entrada, el sacerdote, inmediatamente después de haber llegado al altar y haberlo venerado, salu­da al pueblo, lee la antífona de entrada y prosigue la misa como de costumbre.

 

Seis días antes de la solemnidad de la Pascua, cuando el Señor subía a la ciudad de Jerusalén, los niños, con ramos de palmas, salieron a su encuentro, y con júbilo proclamaban: ¡Hosanna en el cielo! ¡Bendito tú que vienes y nos traes la misericordia de Dios!
Nosotros también, hoy, como aquellos niños, aclamamos a Jesús, nuestro Señor. Porque él muere por nosotros. Porque de su muerte nace vida para todos.

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Entrada mesiánica del Señor en Jerusalén

CICLO A

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 21

Bendito el que viene en nombre del Señor


ramos01n.jpg (20801 bytes)Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto.» Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta: «Decid a la hija de Sión: Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila> Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron .encima sus mantos y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Viva el Hijo de David!» «¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"¡Viva el Altísimo!", Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada: «¿Quién es éste?» La gente que venía con él decía: «Es Jesús, el profeta dé Nazaret de Galilea.»

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Entrada mesiánica del Señor en Jerusalén

CICLO B

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 11 I-10

Bendito el que viene en nombre del Señor

ramos52n.jpg (14442 bytes) Se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al Monte de los Olivos, y Jesús mandó a dos de sus discípulos diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente, y en cuanto entréis, encontraréis un borrico atado, qué nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto.» Fueron y encontraron el borrico en la calle atado a una puerta; y lo soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron: «¿Por qué tenéis que desatar el borrico?» Ellos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron. Llevaron el borrico, le echaron encima los mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás, gritaban: «Viva, bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David. ¡Viva el Altísimo!»

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CICLO C

Entrada mesiánica del Señor en Jerusalén

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 19 28-40

Bendito el que viene en nombre del Señor

En aquel tiempo, Jesús iba hacia Jerusalén, marchando a la cabeza. Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente: al entrar encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien 08 pregunta: ¿por qué lo desatáis?, contestadle: el Señor lo necesita. Ellos fueron y lo encontraron como les habla dicho. Mientras desataban el borrico, 108 dueños les preguntaron: «¿Por qué desatáis el borrico?» Ellos contestaron: «El Señor lo necesita.» Se lo llevaron a Jesús, lo aparejaron con sus mantos, y le ayudaron a montar. Según iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos. Y cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la masa de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los milagros que hablan visto, diciendo: ¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto. Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos." El replicó: "Os digo, que si éstos callan, gritarán las piedras.»

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Después del Evangelio, oportunamente, se puede tener una breve homilía. Antes de comenzar la procesión, el sacerdote, * otro ministro idóneo, puede hacer una monición con estas  o semejantes palabras:

Como la muchedumbre que aclamaba a Jesús, acompañemos también nosotros con júbilo al Señor.

Y comienza la procesión hacia la iglesia donde se va a cele­brar la misa. Si se emplea el incienso, va delante el turife­rario con el incensario, seguidamente el que lleva la cruz adornada, en medio de dos ministros con velas encendidas. A continuación el sacerdote con los ministros, y por último, los fieles, que llevan los ramos en las manos.

Durante la procesión, la «schola» canta los siguientes cantos u otros aptos.

ANTÍFONA

Los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor, aclamando: «¡Hosanna en el cielo!»

Esta antífona se puede repetir entre los versículos del salmo 23.

SALMO 23

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes,
él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor;
 ¿Quién puede estar en el recinto sagrado?
El hombre de manos inocentes, y puro corazón,
que no confía en los ídolos ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
¡Portones', alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la Gloria ¿Quién es ese Rey de la Gloria?
El Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la Gloria. ¿Quién es ese Rey de la Gloria?
El Señor, Dios de los Ejércitos: él es el Rey de la Gloria.

ANTÍFONA

Los niños hebreos extendían mantos por el camino y aclamaban: «¡Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor!»

Esta antífona se puede repetir entre los versículos del sal­mo 46.

SALMO 46

Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra.
El nos somete los pueblos y nos sojuzga las naciones;
él nos escogió por heredad suya: gloria de Jacob, su amado.
Dios asciende entre aclamaciones, el Señor a son de trompeta:
tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad;
porque Dios es Rey del mundo: tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado:
los príncipes de los gentiles
se reúnen con el pueblo del Dios de Abrahán,
porque de Dios son los grandes de la tierra, y él es excelso.

HIMNO A CRISTO REY

CORO

¡Gloria, alabanza y honor!
¡Gritad Hosanna, y haceos como los niños hebreos al paso del Redentor! ¡Gloria y honor al que viene en el nombre del Señor!

ESTROFAS

1. Como Jerusalén con su traje festivo, vestida de palmeras, coronada de olivos viene la cristiandad en son de romería a inaugurar tu Pascua con himnos de alegría.

2. Ibas como va el sol a un ocaso de gloria; cantaban ya tu muerte al cantar tu victoria. Pero tú eres el Rey, el Señor, el Dios Fuerte, la Vida que renace del fondo de la Muerte.

3. Tú, que amas a Israel y bendices sus cantos, complácete en nosotros, el pueblo de los santos; Dios de toda bondad que acoges en tu seno cuanto hay entre los hombres sencillamente bueno.

A la entrada de la procesión en la iglesia se canta el siguiente responsorio u otro canto que hable de la entrada del Señor.

Al entrar el Señor en la ciudad santa, los niños hebreos profetizaban la resurrección de Cristo, proclamando, con ramos de palmas, «Hosanna en el cielo».

R. «Hosanna en el cielo.»

Como el pueblo oyese que Jesús llegaba a Jerusalén, salió a su encuentro: proclamando con ramos de palmas, «Hosanna en el cielo,».

«Hosanna en el cielo.»

El sacerdote, al llegar al altar, lo venera y, si lo juzga oportuno, lo ínciensa. Después va a la sede, se quita la capa pluvial y se pone la casulla y, omitiendo otros ritos, para terminar la procesión dice la oración colecta de la misa, que­ seguidamente ya se desarrolla como de costumbre

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MISA DE LA PASIÓN

Después de la procesión o de la entrada solemne, el sacerdote comienza la misa por la oración, omitiendo el acto penitencial y el Kyrie.

 ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, tú quisiste que nuestro Salvador se anonadase, haciéndose hombre y muriendo en la cruz, para que todos nosotros sigamos su ejemplo; concédenos que las enseñanzas de su pasión nos sirvan de testimonio, y que un día participemos en su resurrec­ción gloriosa. Por nuestro Señor.

LITURGIA DE LA PALABRA

El relato de la Pasión, que se desarrolla desde la última cena de Jesús hasta su entierro, queda ilustrado de modo admirable con las lecturas y el salmo que le preceden El canto del Siervo doliente  y el salmo 21 nos hacen participar en los sufrimientos de Cristo en su pasión: sufrimiento y abandono humano, pero certeza del triunfo. Después viene el cántico a Cristo Salvador, cuyo texto recogió San Pablo en la epístola: El Hijo de Dios se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo

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 Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor Dios me ha abierto el oído; y yo no me he rebelado ni me he echado atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos.

Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido; por eso ofrecí el rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado.

Salmo Responsorial

 R/ Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme se burlan de mí
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere.

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores:
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos.

Se reparten mi ropa
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudare.

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo
linaje de Jacob, glorificadlo,
temedlo, linaje de Israel.

image8x.jpg (12161 bytes)Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 2,
6-11

Hermanos: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el «Nombre-sobre-todonombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble--en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo--, y toda lengua proclame: "¡Jesucristo es Señor!», para gloria de Dios Padre.

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CICLO A

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo

pilatos1n.jpg (14772 bytes)C. En aquel tiempo, Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le pregunto:
S.--«¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús respondió:
+--«Tú lo dices.»
C - Y, mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos, no contestaba nada. Entonces Pilato le pregunto:
S.-«¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?»
C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Había entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, les dijo Pilato:
S. «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?»
C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:
S.--«No te metas con ese justo, porque esta noche he sufrido mucho soñando con él.»
C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús.
El gobernador preguntó:
S.--«¿A cuál de los dos queréis que os suelte?»
C. Ellos dijeron:
S.--«A Barrabás.»
C. Pilato les preguntó:
S.--«¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?»
C. Contestaron todos:
S.--«Que lo crucifiquen.»
C. Pilato insistió:
S.--«Pues, ¿qué mal ha hecho?»
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
S.--« ¡ Que lo crucifiquen ! »
C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia de la multitud, diciendo: S.--«Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!»
C. Y el pueblo entero contestó:
S.--« ¡ Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos ! »
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él, diciendo:
S.--«¡Salve, rey de los judíos!»
C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
cirineon.jpg (23403 bytes)Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir: «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa, echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el rey de los Judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Los que pasaban lo injuriaban y decían, meneando la cabeza
S.--«Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz,
C - Los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también, diciendo:
S.--«A otros ha salvado, y él no se puede salvar. ¿ No es el rey de Israel ? Que baje ahora de la cruz, y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?»
C. Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban. Desde el mediodía hasta la media tarde, vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó
+--"Elí, Elí, lamá sabaktaní.»
crucifi01n.jpg (23401 bytes)C. (Es decir: +--«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
C. Al oírlo, algunos de los que estaban por allí dijeron:.--«A Elías llama este »
C. Uno de ellos fue corriendo; en seguida cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber.
Los demás decían:
S.--«Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo.» C. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.
Entonces, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rajaron. Las tumbas se abrieron, y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron Después que él resucitó, salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:
S.--«Realmente éste era Hijo de Dios.»

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CICLO B

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Marcos

pilatosn.jpg (14543 bytes)c - Apenas se hizo de día los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. El respondió:
+-«Tú lo dices.»
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.
Pilato le preguntó de nuevo:
S.--«¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti.»
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:
S.--«¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S.--«¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?»
C. Ellos gritaron de nuevo:
S.--« ¡crucifícalo! »
C. Pilato les dijo:
S.--«Pues ¿qué mal ha hecho?»
C. Ellos gritaron más fuerte:
S.--« ¡Crucifícalo! »
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados se lo llevaron al interior del palacio--al pretorio--y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo.
S.--«¡Salve, rey de los judíos!»
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. C. Y a uno que pasaba de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz.
Caida1n.jpg (17672 bytes)Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «La Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos.» Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.
Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S.--a ¡Anda !, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.»
C. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo:
S.--«A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.»
C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:
crucifision02n.jpg (18414 bytes)+-«Eloí, Eloí, lamá sabaktaní.»
C. Que significa:
+ --«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
C Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S --«Mira, está llamando a Elías.»
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:
S.--«Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.»
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S.--«Realmente este hombre era Hijo de Dios.»

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CICLO C

C. Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas

C. El senado del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y letrados, se levantaron y llevaron a Jesús a presencia de Pilato. Y se pusieron a acusarlo diciendo:
S. «Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey.»
C. Pilato preguntó a Jesús:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?"
C. El le contestó:
+«Tú lo dices.»
S. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba:
S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre"
C. Ellos insistían con más fuerza diciendo:
S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí.»
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C. Pilato, al oírlo, pregunto si era galileo; y al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacia bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de él y esperaba verlo hacer algún milagro. Le hizo un interrogatorio bastante largo, pero él no le contestó ni palabra. Estaban allí los sumos sacerdotes y los letrados acusándolo con ahínco. Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él; y poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato porque antes se llevaban muy mal. Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo:
S. «Me habéis traído a este hombre, alegando que alborotaba al pueblo, y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros, y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido: ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré.»
C. Por la fiesta tenía que soltarles a uno. Ellos vociferaban en masa diciendo:
S. "¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás.»
C. (A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio ) Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando:
S. «¡Crucifícale, crucifícale!»
C. El les dijo por tercera vez:
S. «Pues, ¿qué mal ha hecho éste? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un escarmiento y lo soltaré.»
C. Ellos se le echaban encima pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío. Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su arbitrio. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevase detrás de Jesús. Lo seguían un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por Él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: «Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado.» Entonces empezarán a decirles a los montes: «desplomaos sobre nosotros» v a las colinas: «sepultadnos»; porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasara con el seco?»
C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía
+ «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.»
C. Y se repartieron sus ropas echándolas a suerte. El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas diciendo:
S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido".
C. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
S. Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.»
C. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.» Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
S. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.»
C. Pero el otro le increpaba:
S. «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.»
C. Y decía:
S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.»
C. Jesús le respondió:
crucifin.jpg (16438 bytes)+ «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.»
C. Era ya eso de mediodía y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:
+ «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.»
C. Y dicho esto, expiró. El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios diciendo:
S. «Realmente, este hombre era justo.»
C. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, habiendo visto lo que ocurría, se volvían dándose golpes de pecho. Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando.

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Después de la historia de la Pasión, téngase, oportunamente, una breve homilía.

Se dice «Credo»

El  ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Por la pasión de tu Hijo sé propicio a tu pueblo, Señor, y concédenos, por esta celebración que actualiza el único sacrificio de Jesucristo, la misericordia que no merecen nuestros pecados. Por Jesucristo.

PREFACIO

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque Cristo, nuestro Señor, siendo inocente,
se entregó a la muerte por los pecadores,
y aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales.
De esta forma, al morir, destruyó nuestra culpa, y al resucitar,
fuimos justificados.
Por eso, le alaban los cielos y la tierra, los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar: Santo...

ANTÍFONA DE COMUNIÓN              Mt 26, 42

Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN 

Fortalecidos con tan santos misterios, te dirigimos esta súplica, Señor: del mismo modo que la muerte de tu Hijo nos ha hecho esperar lo que nuestra fe nos prome­te, que su resurrección nos alcance la plena posesión de lo que anhelamos. Por Jesucristo.

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