22 DE AGOSTO

SANTA MARIA REINA

coronacionn.jpg (29407 bytes)«Dios te salve, Reina y Madre de misericordia», «Salve, Reina de los cielos», «Reina del cielo, alégrate, aleluya». Hace va mucho tiempo que semejantes aclamaciones están en labios del pueblo cristiano a la hora en que cae la tarde (Conclusión de las Completas). Para el hombre de la Edad Media, la invocación a la reina iba asociada a la idea de la omnipotencia suplicante: al igual que Ester, que salvó a su pueblo de la destrucción, la reina poseía plenos poderes sobre el corazón del monarca, era la soberana mediadora del perdón. En el siglo XX, acaso se asocie mejor la evocación de una reina con la esfera de la belleza y el perfecto éxito en la vida. Ahora bien, María es a la vez la perfectamente bella y la omnipotente. Transfigurada aun en su propio cuerpo, se nos muestra, al octavo día de la Asunción, como el triunfo supremo de la Redención, el fruto más hermoso del árbol de la Cruz: la Mujer coronada de estrellas que «brilla ya como un signo de esperanza segura y de consuelo ante el pueblo de Dios que peregrina» (Conc. Vaticano II). Mas también es la nueva Ester: como Madre del Hijo de Dios, del «príncipe de la paz», cuyo «reino no tendrá fin», se halla «a la derecha de Cristo» para obtener en favor de aquellos a quienes él llama sus hermanos «la gloria de los hijos en el Reino de los cielos».
Esta doctrina ha sido enseñada siempre por los Santos y por el Magisterio de la Iglesia. El Papa Sixto IV, el 28 de febrero de 1476, escribía en la Constitución Apostólica Cum praeexcelsa: "Al meditar y considerar devotamente las insignes excelencias de los méritos por los cuales la Reina de los cielos, Virgen Madre, gloriosísima de Dios, encumbrada sobre los tronos celestiales, brilla entre los astros como estrella de la mañana"... León XIII, en 1894, añadía: "La Virgen está realzada con diadema de estrellas por su Hijo Dios, sentada ante él como Reina y Señora del Universo".
Todos los Santos a una han cantado su realeza. He aquí unos cuantos ejemplos: San Andrés de Creta: "Salve, Reina de todo el género humano". San Juan Damasceno: "María como Reina, Soberana, Señora y Madre verdadera de Dios, fue trasladada a las regias mansiones de los cielos, y puesta en posesión de los bienes de su Hijo, para que reciba los homenajes de toda criatura... porque el Hijo sometió a su Madre todos los seres creados".

San Bernardo: "Contemplad a la dulce Reina del cielo adornada con la diadema con la que le coronó su Hijo. En su cabeza, dice San Juan, tenía una corona de doce estrellas. Digna ciertamente de ser coronada con estrellas aquella cuya cabeza resplandece mucho más fulgurante que los mismos astros, a los cuales más bien adorna que es por ellos adornada".
San Germán de Constantinopla: "Reina de todos y más gloriosa que los reyes todos de la tierra"...
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BEATO ISIDORO BAKANJA 1885-1909

isidorobakanjan.jpg (16104 bytes)Si el Beato Isidoro Bakanja hubiese maldecido al hombre que le golpeó a muerte con una faja de piel de elefante llena de clavos, habría sido comprensible. Por contra, incluso mientras yacía moribundo por la enorme infección resultante de sus heridas no tratadas, dijo: «Ciertamente, oraré por él. Cuando esté en el cielo, oraré mucho por él. »
El Beato Isidoro era miembro de la tribu Boangi, en lo que entonces constituía el Congo Belga. Convertido al cristianismo, fue azotado por rehusar quitarse el escapulario. Aunque los azotes tuvieron lugar en febrero, subsistió durante cerca de seis meses padeciendo un intenso dolor por las heridas abiertas y emponzoñadas que cubrían su espalda. Cuando finalmente se buscó tratamiento médico, era ya demasiado tarde.
Cuando alguien nos hiere, deseamos venganza, no la oportunidad de practicar el perdón. Sin embargo, por darle un nuevo giro a un viejo dicho, el tiempo cura todas las heridas. Todo el mundo obtiene su merecido tarde o temprano. Si no sucede en esta vida, será en la siguiente. Ésa es una de las leyes inmutables del universo. Ninguna buena acción queda sin recompensa, y ninguna acción malvada queda sin castigo. Cuando entendemos que no tenemos por qué ser juez, jurado y ejecutor de todo el que nos hiere, quedamos libres para dejar la venganza al Señor. Podría no venir de la manera que nos hubiera gustado, y probablemente no vendrá en el marco de tiempo que preferiríamos, pero vendrá.

OTROS SANTOS: Timoteo, Sinforiano,  Hipólito, Atanasio, obispos; Antonino, Marcial, Saturnino, Epicteto, Maprll. Félix, Fabriciano, Filiberto, Agatónico, Zótico, Mauro, Guniforme, Fabriciano, Atanasio, Antusa, Marcial, Filiberto, Hipólito, Timoteo, mártires; Sigfrido, abad; Felipe Benicio, confesor

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