23 DE AGOSTO

SANTA ROSA DE LIMA 1586-1617

rosadelima.jpg (10326 bytes)El Papa Clemente X, en la Bula de canonización de Santa Rosa, decía: "A la ciudad de los Reyes, como se suele llamar a Lima, no le podía faltar su estrella propia que guiara hacia Cristo, Señor y Rey de Reyes"
Isabel de Oliva nació en Lima (Perú), su padre, Gaspar Flores, y su madre, María de Oliva, son bendecidos por el Señor en un veinte de abril de 1586 con esta hija que iba a darles tanta gloria, no solamente a ellos, sino a toda la nación del Perú y aun a toda la Iglesia. Eran buenos pero nada de sobresalir de los demás ni por sus riquezas ni santidad de vida. Al nacer, por voluntad de su abuela, le fue impuesto el nombre de Isabel, pero un día, cuando era pequeñina, al tomarla su madre en brazos le pareció que su rostro estaba tan encendido y eran tan bello que parecía una rosa y dijo, acariciándola contra su corazón: "Hija mía, tú eres mi Rosa, Rosa venida del cielo y Rosa te llamarás para siempre".
La muchacha excepcionalmente dotada para las artes, había sentido desde muy joven el deseo de renunciar al mundo. Tomando por modelo a Catalina de Sena, de quien pasó a ser hermana al hacerse terciaria dominica, dividía su vida entre austeridades y la intimidad con Cristo, con la Virgen y los Santos, que se le aparecían con frecuencia. Aun viviendo semirrecluida en el jardín de sus padres, no por eso dejaba de sentir el anhelo misional de la Iglesia: se angustiaba por la salvación de los indios, por los que hubiese querido entregar su vida. Sus postreras palabras fueron: «¡Jesús, Jesús está conmigo!».
Primer santo canonizado de las Américas, Santa Rosa de Lima deseaba entrar en un convento, pero sus padres querían casarla. Tras años de disputa, se alcanzó un acuerdo: Rosa se unió a la Tercera Orden de Santo Domingo y vistió el hábito blanco y el velo negro de monja, pero vivió en casa.

Era el 24 de agosto de 1617 cuando volaba al cielo, admirada en toda Lima y querida ya en todo Perú.

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Felipe Benicio 1233-1285

felipe benicion.jpg (16430 bytes)Poca materia literaria ofrece la vida de este santo, al que recordamos principalmente por una anécdota muy espectacular que está lejos de ser un caso único en los anales de la santidad, pero que en él parece definirle: es el hombre que no quiso ser papa, y por eso se le representa con un crucifijo en la mano y a sus pies la tiara pontificia.
Era florentino, estudió medicina en París, y a su regreso a Florencia en el año 1254 ingresó en la orden de los servitas, especialmente consagrada al culto de la Virgen. Fue superior general de su orden y adquirió notoriedad como predicador en países extranjeros como Francia, Alemania y Países Bajos, contribuyendo a aumentar la devoción a Nuestra Señora. También intervino en el concilio de Lyon (1274) y cuando se lo propusieron se negó con la máxima obstinación a ser arzobispo de Florencia.
Más aún, a la muerte de Clemente IV querían elegirle papa, ante lo cual, horrorizado, se apresuró a esconderse, consiguiendo evitar lo que consideraba una catástrofe para él. Quizá por obediencia hubiese tenido que aceptar, o tal vez la obediencia tiene sus límites, no lo sabemos, el caso es que Felipe escuchó su voz interior y se negó al servicio que la Iglesia le solicitaba.
Era florentino, estudió medicina en París, y a su regreso a Florencia en el año 1254 ingresó en la orden de los servitas, especialmente consagrada al culto de la Virgen. Fue superior general de su orden y adquirió notoriedad como predicador en países extranjeros como Francia, Alemania y Países Bajos, contribuyendo a aumentar la devoción a Nuestra Señora. También intervino en el concilio de Lyon (1274) y cuando se lo propusieron se negó con la máxima obstinación a ser arzobispo de Florencia.
Más aún, a la muerte de Clemente IV querían elegirle papa, ante lo cual, horrorizado, se apresuró a esconderse, consiguiendo evitar lo que consideraba una catástrofe para él. Quizá por obediencia hubiese tenido que aceptar, o tal vez la obediencia tiene sus límites, no lo sabemos, el caso es que Felipe escuchó su voz interior y se negó al servicio que la Iglesia le solicitaba.

OTROS SANTOS: Flaviano, Ciriáco, Calinico, Máximo, obispos; Arquelao, diácono; Restituto, Fructuosa, Apolinar, Eleazar, Lupo, Claudio, Víctor, Donato, Valeriano, Claudio, Asterio, Neón, Minervo, mártires.

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