15 DE ENERO
SAN PABLO EL ERMITAÑO +347
«Príncipe de la vida eremítica», según le llama San Jerónimo, su
primer biógrafo, origen y modelo de todos los ermitaños de la cristiandad. Después de
la era de los mártires, los que ansían la perfección eligen el desierto, y la Tebaida,
en Egipto, es uno de los lugares predilectos de estos solitarios.
Parece que era de Tebas, nacido a orillas del Nilo de una familia cristiana, y cuando
contaba unos veinte años la persecución de Decio le empujó al desierto, en el que
acabó adentrándose hasta encontrar cierta caverna en una montaña blanca, un refugio muy
escondido donde tiempo atrás se fabricó moneda falsa.
Allí se instaló para siempre, vestido con una túnica de hojas de palmera,
alimentándose del fruto de este árbol y bebiendo el agua de un arroyo de las cercanías.
En la soledad más absoluta, muerto para los hombres, rezando y meditando frente al
misterio de Dios que llenaba toda su existencia.
Refiere san Jerónimo que así transcurrieron muchísimos años, hasta que, ya de edad
avanzadísima, centenario tal vez, recibió la insospechada visita de otro anciano, san
Antonio abad, a quien Dios había revelado en sueños que vivía en el desierto otro
eremita que era un tesoro de virtud.
Al principio, Pablo hace oídos sordos a su llamada, pero al fin se abrazan
reconociéndose a pesar de no haberse visto nunca, y sostienen coloquios espirituales
mientras el cuervo que diariamente trae medio pan al ermitaño aquel día lleva en su pico
ración doblada. Pablo no tarda en morir y es Antonio quien le entierra con la ayuda de
dos leones que cavan su fosa. Así pintó Velázquez este encuentro fraternal, como un
éxtasis sobre un fondo bello y grandioso de peñas graníticas.
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SAN MAURO (AMARO)
Hijo
del patricio romano Equicio, renuncia al esplendor de su familia senatorial para seguir la
vida benedictina junto al mismo fundador.
El y San Plácido son dos grandes discípulos fieles del Patriarca.
Mauro será también el sucesor leal desde el año 543.
Su obediencia era proverbial. Los Diálogos de San Gregorio relatan cómo San Benito
mandó a Mauro sacar de un aprieto a Plácido; y el discípulo obedece con éxito
lanzándose, por tierra y por agua, con la misma decisión que Pedro en Genesaret, ante la
sugerencia y la llamada de Jesucristo.
OTROS SANTOS: Berardo, presbítero y compañeros mártires; Macario, Máxlmo y Benito, obispos; Secundina virgen; Conrado, abad; Miqueas y Habacuc, profetas; Isidoro y Juan; Efisio, mártir; Ita, virgen; Beatos Francisco Fernández de Capillas, presbítero y compañeros mártires; Beato Santiago de Villa.