4 DE ENERO
SANTA ISABEL ANA BAYLEY SETON 1774-1821
La primera norteamericana, de canonización reciente (1975), es esta
mujer que en su corta vida, cuarenta y tantos años, conoció situaciones tan distintas e
imprevisibles; en los Estados Unidos de aquellos tiempos fue como un regalo insólito de
la Providencia.
Nace en Nueva York casi con la independencia del país, vive en un ambiente de fortísima
tradición protestante y se casa con Richard Seton, fundando una familia en la que abundan
la riqueza y la felicidad. En Baltimore, Seton, madre de cinco hijos, es una esposa
ejemplar, respetable, entregada a sus deberes domésticos.
De pronto se acumulan los desastres, la fortuna se evapora, el marido enferma gravemente y
por fin muere en Italia tras un desesperado intento de recobrar la salud; y en Livorno los
Filicchi, que habían mantenido relaciones comerciales con los Seton, acogen a la viuda,
quien descubre así el catolicismo.
Después de regresar a su patria, sus dudas religiosas se despejan súbitamente, y a pesar
de que esta conversión escandaliza a los que la rodean, venciendo oposiciones que llegan
a la amenaza se hace católica. «¡Oh, Dios mío, déjame descansar aquí!», exclama un
miércoles de ceniza cuando en vez de ir al templo episcopaliano entra en la modesta
iglesia de san Pedro de Baltimore.
Aunque no tiene dinero y en medio de la hostilidad familiar ha de sacar adelante a cinco
hijos, no es el descanso lo que elige, al contrario; en vez de replegarse, se dedica a
aliviar los males ajenos, funda las Hermanas americanas de la Caridad y llena el país de
colegios y hospitales. «Déjame descansar aquí» no se refería a estar cómoda.
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SAN RIGOBERTO S. VII
Arzobispo
de Reims desde el año 696 y primeramente abad benedictino de Orbais, vive los tiempos
difíciles del paso de la dinastía merovingia a la carolingia; de Dagoberto II y
Childerico III a Carlos Martel, el padre de Pipino el Breve.
San Rigoberto se ciñe estrictamente a su labor espiritual, aun cuando ello le malquiste
protecciones y le acarree disgustos, y el ser suplantado temporalmente.
Trabaja con su clero y su pueblo por la fidelidad al Evangelio y al Papa de Roma, el
griego San Zacarías y sus predecesores.
Y muere santamente en Reims el 4 de enero del año 749, dos años antes de que Pipino el
Breve iniciara el reino carolingio.
En su medio siglo de obispo, especialmente en su confinamiento de Gernicourt, se hizo vida
y paz el sentido perenne de esta oración de todos los tiempos y de todos los hombres:
«Señor, dame valor para cambiar lo que puede cambiarse, serenidad para aceptar lo que no
puede cambiarse, y sabiduría para distinguir lo uno de lo otro.
OTROS SANTOS: Gregorio, Roberto, Ferreólo y Libancio, obispos; Prisco, Prisciliano, Benita, Dafrosa, Hermetes, Ageo, Cayo, Mavilo, Aquilino, Gémino. Eugenio, Marciano, Quinto, Teodoto, Trifón y Tomás, mártires; Roger, abad; Beatas Isabel y Ángela; Beata Genoveva Torres Morales, religiosa; Beata Zedislava de Lemberk; Beata Ángela de Foligno.