El rey Luis XI y su esposa Carlota de Saboya tenían
ya una hija y deseaban por encima de todo un varón que pudiese heredar el trono de
Francia. Por eso consideraron el nacimiento de Juana como un contratiempo, y cuando se vio
que la niña era deforme - jorobada y algo coja - el monarca prefirió olvidarse de su
existencia y a los cinco años fue enviada lejos de la corte.
Hasta que se la utilizó como instrumento de política matrimonial haciendo que se casara,
muy a pesar del novio, con el duque de Orleáns. Al parecer la unión no llegó a
consumarse nunca, y el duque mostró siempre inalterable desdén por una mujer tan poco
agraciada como la que le habían impuesto.
Cuando aquel esposo casi desconocido fue encarcelado por rebelión, Juana intercedió por él ante su hermano, el nuevo rey
Carlos VIII, pero en 1498, al morir éste y convertirse el duque de Orleáns en Luis XII,
el nuevo soberano se apresuró a activar los trámites para que se anulase su matrimonio.
Así, Juana de Valois pasa a ser simplemente la duquesa de Berry y se retira a Bourges,
donde en el año 1500 funda la orden de la Anunciación o de las «diez virtudes de
María», cuyo fin es la vida de piedad a imitación de la Virgen y la ayuda a los
menesterosos. Poco tiempo le queda. Aunque considerada muy pronto como santa, su
canonización no llegó hasta 1950.
Todo en esta historia de princesa desventurada a la que desdeñaron sus padres y su marido
es triste y oscuro. Es la santa fea y malquerida que de humillación en humillación
aprendió a no mirarse más que en el espejo de la hermosura de la Virgen, en el que
debía de resplandecer sin que nadie a su alrededor se enterara.
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SAN JUAN DE BRlTO 1647-1693
Nadie
hubiera reconocido en él a un jesuita. Ni su indumentaria (una túnica de cuero amarilla
y roja) ni sus costumbres, las propias de un santón hindú, ni su lengua, que era la de
los indígenas de la costa de Malabar, al sur de la India, era lo habitual en un hijo de
san Ignacio. Siempre con una piel de tigre para sentarse y dormir, viajaba incansablemente
por aquellas regiones discutiendo con los brahamanes, evangelizando y bautizando
("este año bauticé a cuatro mil"), escribía en vísperas de su muerte).
Este extraño jesuita que se había hecho hindú entre los hindúes, como el padre
Nobili y tantos otros hermanos suyos en religión, era de una noble familia portuguesa;
nació en Lisboa hijo de Salvador de Brito Pereira, más tarde gobernador de Río de
Janeiro y del Brasil, fue paje en la corte del rey de Portugal , como paje del infante Don Pedro.
Al enfermar gravísimamente, su madre promete a San Francisco Javier que su hijo
llevará durante un año en la Corte la sotana de jesuita. Así fue. Pero, no sólo sana
Juan de Britto, sino que decide entrar en la Compañía de Jesús, para ir a las Indias y
ser como Javier.
Ya con la sotana de la Compañía estudió en Évora y Coimbra para enseñar luego humanidades en el
colegio lisboeta de San Antonio.
Nombrado superior de Madura, tiene a su cargo cinco extensos territorios con 80.000
cristianos, 12 puestos de misión y sólo 9 misioneros.
Su evangelización fructifica millares y millares de almas. Sufre allí pronto un primer
martirio; dos veces ofrece su cuello a la espada en la cárcel; por fin es dejado en
libertad.
Y pasa a Marava en cuyas selvas trabaja incansablamente. Allí vuelve a ser martirizado:
sumergida su cabeza en el agua largamente, una y otra vez; pisoteado; y expuesto al sol
sobre una roca. Pero el rajá de Marava no confirma la sentencia de muerte. Aunque le
amenaza con ella, si continúa predicando.
Es llamado por sus superiores a Portugal, donde desembarca en septiembre de 1688; su madre
besa aquellos miembros martirizados, en presencia de una ferviente multitud, que había
salido a recibir al campeón de Cristo. Le quieren retener en Portugal, pero vuelve a la
India.
Su fruto es todavía mayor. A un príncipe de Marava, que pide el bautismo, le exige
renunciar a cuatro de las cinco mujeres que tenía. Una de ellas no se detuvo hasta
conseguir le fuera cortada la cabeza al misionero, el 4 de febrero de 1693, en
Urgur y las fieras devoraron el cuerpo del mártir lanzado más allá de su debilidad a
una gran empresa más alta y exigente que todas las precauciones que razonablemente
necesitaba.
Cuando llega la noticia a Lisboa, la madre viste su mejor traje; y sólo acepta
felicitaciones, como madre de un mártir.
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SANTA CATALINA DE RICCI, virgen + 1590
El siglo XVI fue fecundo en Santos en varias naciones, entre ellas Italia.
El 23 DE ABRIL de 1522 nacía en Florencia, Toscana-Italia, la futura santa Catalina
aunque el ser bautizada le fue impuesto el nombre de Alejandra. Sus padres, que se
llamaban Francisco y Catalina, eran buenos cristianos y pertenecientes más bien a la
aristocracia de la ciudad. Poco después de nacer Alejandra, murió su madre y su padre
pasó a segundos nupcias.![]()