4 DE FEBRERO

SANTA JUANA DE VALOIS 1464-1505

juanadefrancian.jpg (13667 bytes)El rey Luis XI y su esposa Carlota de Saboya tenían ya una hija y deseaban por encima de todo un varón que pudiese heredar el trono de Francia. Por eso consideraron el nacimiento de Juana como un contratiempo, y cuando se vio que la niña era deforme - jorobada y algo coja - el monarca prefirió olvidarse de su existencia y a los cinco años fue enviada lejos de la corte.
Hasta que se la utilizó como instrumento de política matrimonial haciendo que se casara, muy a pesar del novio, con el duque de Orleáns. Al parecer la unión no llegó a consumarse nunca, y el duque mostró siempre inalterable desdén por una mujer tan poco agraciada como la que le habían impuesto.
Cuando aquel esposo casi desconocido fue encarcelado por
rebelión, Juana intercedió por él ante su hermano, el nuevo rey Carlos VIII, pero en 1498, al morir éste y convertirse el duque de Orleáns en Luis XII, el nuevo soberano se apresuró a activar los trámites para que se anulase su matrimonio.
Así, Juana de Valois pasa a ser simplemente la duquesa de Berry y se retira a Bourges, donde en el año 1500 funda la orden de la Anunciación o de las «diez virtudes de María», cuyo fin es la vida de piedad a imitación de la Virgen y la ayuda a los menesterosos. Poco tiempo le queda. Aunque considerada muy pronto como santa, su canonización no llegó hasta 1950.
Todo en esta historia de princesa desventurada a la que desdeñaron sus padres y su marido es triste y oscuro. Es la santa fea y malquerida que de humillación en humillación aprendió a no mirarse más que en el espejo de la hermosura de la Virgen, en el que debía de resplandecer sin que nadie a su alrededor se enterara.

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SAN JUAN DE BRlTO 1647-1693

juanbrito.jpg (15383 bytes)Nadie hubiera reconocido en él a un jesuita. Ni su indumentaria (una túnica de cuero amarilla y roja) ni sus costumbres, las propias de un santón hindú, ni su lengua, que era la de los indígenas de la costa de Malabar, al sur de la India, era lo habitual en un hijo de san Ignacio. Siempre con una piel de tigre para sentarse y dormir, viajaba incansablemente por aquellas regiones discutiendo con los brahamanes, evangelizando y bautizando ("este año bauticé a cuatro mil"), escribía en vísperas de su muerte).
Este extraño jesuita que se había hecho hindú entre los hindúes, como el padre Nobili y tantos otros hermanos suyos en religión, era de una noble familia portuguesa; nació en Lisboa hijo de Salvador de Brito Pereira, más tarde gobernador de Río de Janeiro y del Brasil, fue paje en la corte del rey de Portugal
, como paje del infante Don Pedro.
Al enfermar gravísimamente, su madre promete a San Francisco Javier que su hijo llevará durante un año en la Corte la sotana de jesuita. Así fue. Pero, no sólo sana Juan de Britto, sino que decide entrar en la Compañía de Jesús, para ir a las Indias y ser como Javier.
Ya con la sotana de la Compañía estudió en
Évora y Coimbra para enseñar luego humanidades en el colegio lisboeta de San Antonio.
Nombrado superior de Madura, tiene a su cargo cinco extensos territorios con 80.000 cristianos, 12 puestos de misión y sólo 9 misioneros.
Su evangelización fructifica millares y millares de almas. Sufre allí pronto un primer martirio; dos veces ofrece su cuello a la espada en la cárcel; por fin es dejado en libertad.
Y pasa a Marava en cuyas selvas trabaja incansablamente. Allí vuelve a ser martirizado: sumergida su cabeza en el agua largamente, una y otra vez; pisoteado; y expuesto al sol sobre una roca. Pero el rajá de Marava no confirma la sentencia de muerte. Aunque le amenaza con ella, si continúa predicando.
Es llamado por sus superiores a Portugal, donde desembarca en septiembre de 1688; su madre besa aquellos miembros martirizados, en presencia de una ferviente multitud, que había salido a recibir al campeón de Cristo. Le quieren retener en Portugal, pero vuelve a la India.
Su fruto es todavía mayor. A un príncipe de Marava, que pide el bautismo, le exige renunciar a cuatro de las cinco mujeres que tenía. Una de ellas no se detuvo hasta conseguir le fuera cortada la cabeza al misionero, el 4 de febrero de 1693, en Urgur y las fieras devoraron el cuerpo del mártir lanzado más allá de su debilidad a una gran empresa más alta y exigente que todas las precauciones que razonablemente necesitaba.
Cuando llega la noticia a Lisboa, la madre viste su mejor traje; y sólo acepta felicitaciones, como madre de un mártir.

SANTA CATALINA DE RICCI, virgen + 1590

catalinaricci.jpg (16901 bytes)El siglo XVI fue fecundo en Santos en varias naciones, entre ellas Italia. El 23 DE ABRIL de 1522 nacía en Florencia, Toscana-Italia, la futura santa Catalina aunque el ser bautizada le fue impuesto el nombre de Alejandra. Sus padres, que se llamaban Francisco y Catalina, eran buenos cristianos y pertenecientes más bien a la aristocracia de la ciudad. Poco después de nacer Alejandra, murió su madre y su padre pasó a segundos nupcias.
La pequeña Alejandra tanto por su padre como por la madrastra fue tratada y educada con todo cuidado. Ya desde niña aparecieron en ella virtudes que después darían más copioso fruto cuando se hiciera mayor.
Cuando tenía diez años fue internada por su padre en el Monasterio de Monticelli donde estaba de religiosa su tía Luisa Ricci. Muy pronto quedaron profundamente admiradas las religiosas al descubrir las muchas y profundas virtudes que adornaban su alma. Alguna religiosa medio la expiaba para ver si su virtud, sobre todo la que manifestaba cuando se encontraba ante el Señor en oración, si era algo natural o pasajero. Pasaba largas horas postrada ante el Santísimo Sacramento y meditaba en la Pasión del Señor, en cada uno de los pasos que nos recuerdan los Evangelios. Cuando ya sea religiosa será ésta una de las notas más destacadas de su rica vida espiritual.
A los trece años volvió a la casa paterna siguiendo casi la misma vida que llevara en el internado. Su padre, según costumbre de la época, le propuso un lisonjero porvenir ya que tenía proyectado unirla en matrimonio con uno de los jóvenes de familia más noble de la ciudad. Alejandra agradeció a su padre sus buenos deseos pero le contestó resueltamente que no entraba en sus planes el contraer matrimonio ya que se había ya desposado con Jesucristo al que le había hecho voto de virginidad.
Conoció a dos religiosas dominicas del Convento de San Vicente de Prato, que iban por la calle recogiendo limosna y la joven les pidió que le dieran toda clase de explicaciones del género de vida que en el convento llevaban. Después de bien enterada de ello pidió permiso a sus padres y con su bendición ingresó en aquel mismo Monasterio el 1535, cuando tan sólo contaba trece años. Vistió el hábito de la Orden dominicana y al año siguiente emitió los votos religiosos con gran gozo de su alma y de todas las religiosas ya que todas sabían apreciar el gran regalo que les había hecho la Divina Providencia al enviarles esta perla de criatura.
Al poco de profesar el Señor vino a visitarla enviándole una terrible y múltiple enfermedad ya que fueron varias las dolencias que a la vez afligían su débil cuerpo. Las mismas religiosas y los médicos quedaban admirados cómo era posible que pudiera resistir tanto dolor de todo tipo. Se le apareció un Santo de su Orden, hizo sobre ella la señal de la cruz y quedó curada por varios años. Durante estos atroces tormentos tenia una medicina que la curaba, por lo menos le daba paz y alivio: Era el meditar en la Pasión del Señor, en los muchos dolores que Él sufrió por nosotros... Meditaba paso a paso, en toda su viveza y a veces se le manifestaba el Señor bien con la Cruz a cuestas, bien coronado de espinas o clavado en la Cruz. Ante estos dolores del Maestro, Catalina--que así se llamó desde que vistió el hábito dominicano--encontraba fuerzas para cargar con su propia cruz...
Recibió muchos dones y regalos del cielo: Revelaciones, gracias de profecía y milagros... Luces especiales en los más delicados asuntos de los que ella nada sabía. Por ello acudieron a consultarla Papas, cardenales y grandes de la tierra igual que personas sencillas y humildes. A todos atendía con gran bondad y humildad ya que se veía anonada por sus miserias y se sentía la más pecadora de los mortales. El 2 de febrero de 1590 expiró en el Señor.

OTROS SANTOS: José de Leonisa, presbítero; Gilberto, presbítero; Federico, abad; Remberto y Fileas, obispos; Filoromo, Eutiquio, Aquilino, Gémino, Gelasio, Magno, Donato, mártires; Aventino, Gllberto, José de Leonisa; lsidoro, monje; Beatos Rodolfo Acquaviva, Francisco Pacheco, Carlos Spínola, Santiago Berthieu y León Ignacio Magno, presbíteros y mártires; Beata Isabel Canoni Mora, religiosa; Beata María De Mattias, religiosa.

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