18 DE JULIO
SAN BRUNO 1123
Nadie es perfecto.
Ni siquiera los santos. San Bruno, uno de los mayores eruditos de su tiempo sobre las
Escrituras, cometió al menos un grave error. Mantuvo que un sacerdote que cometía
simonía (comprar y vender dones espirituales) no podía, válidamente, administrar los
sacramentos. En otras palabras, creía, incorrectamente, que un sacerdote que vendía un
oficio eclesial no podía celebrar la misa o administrar el bautismo. Aunque vender los
oficios eclesiales sea erróneo, una acción así no invalida la ordenación de un hombre.
El error de San Bruno debería animarnos a todos nosotros. Cometer una equivocación es
simplemente eso: una equivocación.
Nadie desea equivocarse, pero todos lo hacemos a veces. Ocasionalmente, nuestra
equivocación es grave, con consecuencias de largo alcance. Puede ser inconveniente; puede
creamos una situación de apuro, pero no es el fin del mundo y no deberíamos tratarla
como tal.
Cuando reconozcamos que hemos cometido un error, podemos y debemos tratar de rectificarlo,
pero cuando la corrección sea imposible, el mejor curso será simplemente el de admitirlo
y seguir adelante.. Regañarte, condenarte y hundirte a ti mismo no cambiará la
equivocación, pero te cambiará a ti. Erosionará tu confianza en ti mismo y te hará
más proclive a cometer un error en el futuro.
Cuando descubras que estás en un error, date un respiro. Date permiso para unirte a la
raza humana, propensa a las equivocaciones.
Matrona romana cuyo esposo, san Getulio, que era tribuno militar,
murió mártir en la época de Adriano. Este matrimonio tenía siete hijos varones cuyos
nombres conserva la tradición: Crescencio, Juliano, Nemesio, Primitivo, Justino, Estacteo
y Eugenio.
Dicen que todos se retiraron, junto con la madre viuda, a la ciudad de Tívoli, donde se
mostraba a los visitantes de siglos después una cisterna seca en la cual parece que
estuvieron escondidos durante un tiempo mientras arreciaba la persecución.
Por fin cayeron en manos de sus enemigos, y como Sinforosa no se dejase persuadir con
promesas y amenazas para sacrificar a los ídolos, mandaron «darle muchas heridas en el
rostro, colgarla de los cabellos y tenerla suspensa en el aire». Pero desde allí animaba
a sus hijos a permanecer firmes en la fe.
Se le ató al cuello una pesada piedra y se la arrojó al río Teverone, afluente del
Tíber que pasa por Tívoli, y sus hijos recibieron muerte al siguiente día: Crescencio,
Juliano, Nemesio y Primitivo de lanzadas en la garganta, el pecho, el corazón y el
vientre, Justino fue desmembrado y hecho cuartos, Estacteo herido por todo el cuerpo y
Eugenio partido por el pecho en dos mitades.
En su memoria se levantó una
iglesia en la Vía Tiburtina, pero tales hechos, muy semejantes a otros de no muy clara
historicidad, son discutibles. Los antiguos cristianos confundían a menudo historia y
símbolo, como hoy confundimos historia y ciencia, aunque tal vez su voluntario equívoco
era más noble y se acercaba más a las verdades últimas.
Santa Marina, virgen mártir (véase 20 de julio Santa Liberata, son hermanas)
Otros Santos: Federico, obispo de Utrech; Gundena, Marina, vírgenes, Emiliano, mártires; Materno, Filastrio, Arnulfo, Bruno, Rufino, obispos.
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