2 DE JULIO
SAN JUAN
FRANCISCO REGIS, 1597-1640
La mejor síntesis de su biografía
tan estupenda nos la da él con estas palabras de autoconfesión: "Mi vida ¿para
qué es sino para sacrificarla por las almas? ¿Cómo podría probar yo mi amor a Dios, si
no ofrezco lo que más se estima en este mundo, la salud y la vida? No me sería grata la
vida si no tuviere algo que perder por Jesucristo. Siento un deseo vivísimo de ir a las
mansiones de los iroqueses y ofrecer mi vida por la salvación de aquellos salvajes".
Nos encontramos, pues, ante un hombre totalmente de Dios y entregado al amor de sus
hermanos para llevarlos a Cristo.
El apóstol del Languedoc, que
se consagra a rehacer la fe y las costumbres, tan maltrechas en aquellas comarcas después
de las guerras de religión. Su sueño era evangelizar el Canadá francés, pero nunca se
lo consintieron, y consumió su vida en un ámbito mucho más reducido, que era el de su
tierra natal.
Nació en Fontcouverte, en Languedoc, (Francia) el 31 de
enero de 1587. Sus padres muy fervorosos cristianos y en muy buena posición económica,
lo educaron en la sobriedad y en los más sanos principios cristianos. De niño sólo
llamaba la atención por sus modales dulces, atento, servicial y muy entregado a cuanto se
refiere a la Iglesia. Nunca se cansaba de estar en ella ni de los rezos familiares por
más que se prolongasen. Por el 1610, comienza a frecuentar el colegio de los jesuitas de
Beziers. Tiene trece anos. Llama la atención no por hacer algo raro, sino por hacer todo
cuanto estaba mandado perfectamente bien. Es el primero en todo: Estudios, piedad,
esparcimientos, pero lo que más gusta a sus superiores y compañeros es ver que no se lo
cree. Es sencillo, humilde, el compañero más fiel. ¿Dónde encuentra Juan Francisco la
fuerza para ello? En su ferviente amor a la Eucaristía que recibe casi a diario y que
para aquellos tiempos era cosa bastante rara. Su tierno amor a la Virgen María, a la que
acude con amor filial. A su Ángel de la Guarda que hasta a veces parece que le acompaña.
El día de la Inmaculada de 1616 ingresa en el Compañía de Jesús como novicio y se
entrega de lleno a formarse en las votos religiosos. Emite los votos y los superiores lo
destinan a que profundice en los estudios teológicos y filosóficos, en los que también
hace maravillosos progresos. Antes de dedicarse al apostolado, pasa largas horas en
oración. Los superiores lo ven maduro para dar el paso del sacerdocio y el día de la
Sma. Trinidad de 1630 tiene el gozo de recibir el don del sacramento sacerdotal.
La vida de Juan Francisco ahora ya no tiene freno. Comienzan sus famosas misiones rurales.
Recorre una gran cantidad de pueblos y ciudades. A todas partes llega su fogosa palabra.
El Señor le bendice y regala el don de hacer milagros; todos los encamina para despertar
el amor a Dios y el odio al pecado.
Al final de su vida en Puy, feudo tradicional de los
calvinistas, se le llamaba «el santo» por antonomasia, y las multitudes acudían a oír
a aquel religioso de sotana raída y con remiendos, y de oratoria poco brillante, a menudo
tachada de vulgar, que sacudía las conciencias con palabras sencillas e irresistibles.
Cuando no predicaba o confesaba - con el extenuante horario que se había impuesto a sí
mismo -, recorría las aldeas más apartadas hablando de Dios a los campesinos que no
veían un cura en todo el año, y atendía solícitamente a los herejes consiguiendo
muchas conversiones.
La fundación de una serie de casas de refugio para mujeres de vida airada dio pie a
calumnias y amenazas de muerte, pero lo más duro fue la postura incomprensiva de sus
superiores, quienes juzgaron que se excedía en su celo, y que a menudo pusieron no pocas
trabas a su actividad, por lo cual en cierto modo puede también considerársele como
mártir silencioso de la obediencia.
Supo descubrir el enorme valor del dolor y del sufrimiento.
Se abrazó a él y a cuantos sufrían. Los amaba como la más tierna madre. Les curaba de
sus pestilentes enfermedades. Solía decir: "Sufrir por Jesucristo es el único
consuelo que hallo en este mundo. Señor, dame fuerzas para poder sufrir más y más por
tu amor".
Alguien dijo de él "que no tenía más que a Dios dentro de su alma, a Dios en la
boca y a Dios delante de sus ojos". Poseía una gracia enorme para convertir las
almas, aun las más alejadas. Se dice que una dama que era totalmente reacia a la Iglesia
y hasta enemiga declarada, al ver sus distinguidos modales y su gran santidad, le dijo:
"Padre ¿cómo no me voy a convertir a la fe cristiana si usted me lo pide con tanta
gracia?".
Agotado de sus apostolados, volaba al cielo el 26 de diciembre de 1640.
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SAN OTTO S. XII
San Otto, obispo de
Bamberg en el siglo doce, se vio atrapado entre la espada y la pared proverbiales. Como
canciller al servicio del emperador Enrique IV, se le requirió que apoyase al Estado.
Pero cuando Enrique estableció un antipapa, San Otto, como miembro leal de la Iglesia, no
pudo aprobar la designación. Lo curioso es que parece haberse mantenido en buena
disposición tanto con la Santa Sede como con el emperador, rehusando apoyar el cisma pero
sí, en cambio, otras decisiones políticas.
Aprender cuándo y cómo adoptar una solución de compromiso es un arte sutil. Un
compromiso no significa ni derrumbarse, ni ser inflexible. Significa dar un poquito de
aquí, mientras se permanece firme allá. Todos nos hemos encontrado con gente que nunca
aprendió a adoptar soluciones de compromiso. Han de combatir toda batalla como si fuera
el punto de inflexión de la guerra. Aunque a veces obtienen exactamente lo que quieren,
es a expensas de su (y nuestra) paz mental y compostura.
Una de las sabidurías que nos proporcionan los santos es la de saber que no todo exige
una postura firme. Para San Otto, la cuestión de cuál era el Papa legítimo demandaba
una postura resuelta. Otras decisiones de Enrique no requirieron la misma actitud
inflexible. Otto fue capaz de mantener la paz sabiendo cuándo resistir y cuando ceder.
Cuando afrontemos situaciones similares, pidámosla sabiduría para saber qué postura
adoptar.
Entre los muchos cristianos que sufrieron
martirio en tiempos del emperador
Nerón, los Santos Mártires
Proceso y Martiniano gozaron de privilegio singular, y es que fueron
bautizados por San Pedro.![]()