SANTA FLORENTINA S. VI
Nos encontramos ante un caso verdaderamente
prodigioso. Cuatro hermanos santos y reconocidos como tales por la Iglesia: San Leandro,
San Isidoro, San Fulgencio y nuestra biografiada Santa Florentina.
Los padres de nuestra santa se llamaron Severiano y Túrtura y supieron educar
cristianamente a sus hijos cuyos frutos ahora reconocemos.
Su padre desempeñaba un alto cargo en Cartagena pero por razones políticas parece que
hubo de emigrar a Sevilla por el 554.
Aquí continuaron dando maravilloso ejemplo de unión y de vivencia de las virtudes
cristianas. Leandro llegará a ser Arzobispo de Sevilla y una vez muertos sus padres, se
encargará de formar a sus hermanos menores: Isidoro, que será también Arzobispo de
Sevilla y una gran lumbrera de España y San Fulgencio que fue obispo de Écija, así como
a S. Florentina.
Su juventud fue tan santa como podía esperarse de aquel hogar donde reinaba el amor y
temor santo de Dios. El trabajo y la formación espiritual era a lo que estaban entonces
llamadas, especialmente las mujeres de la época visigoda, a la que pertenecen de lleno
estos cuatro santos hermanos.
Consagra su virginidad en el monasterio benedictino sevillano de Santa María del Valle,
junto a Écija. donde llegaría a ser abadesa y ejemplo y consejo para otros monasterios.
Vale la pena traer aquí los consejos que en un precioso tratado daba San Leandro a su
hermana Florentina valiéndose del nombre de su piadosa madre, Turtur, en latín, que
significa tórtola en castellano: "No quieras irte del tejado en donde la tórtola
tiene sus pequeñuelos. Eres hija de la inocencia, del candor, tú precisamente que
tuviste a la tórtola por madre. Pero ama mucho más a la Iglesia, tórtola mística que
todos los días te engendra para Cristo. Descanse tu ancianidad en su seno, como antaño
descansabas y tu ardor mecías en el regazo de la que cuidó tu infancia.
El mismo San Leandro escribirá para su hermana y las demás monjas de su tiempo un
precioso tratado que vendrá a ser como una especie de Regla que influirá grandemente
sobre todos los monasterios femeninos de su tiempo.
Le dice entre otras cosas que sea servicial con las hermanas que viven con ella y que
procure no hacer sufrir a ninguna. Debe procurar leer y orar continuamente. Cuando tenga
que hacer algún trabajo debe procurar que otra le lea algo. Si vive la vida comunitaria,
su vida se parecerá a la de los Apóstoles. Debe procurar permanecer siempre en el mismo
monasterio. Y un consejo para ella que era superiora: Que sea discreta para saber lo que
debe conceder y negar según las necesidades de cada una. Que no tenga peculio, ya que
todo en el Monasterio es común... Buenas reglas que siempre procuró vivir Florentina y
que viviéndolas llegó a la perfección. Murió por el 636.
Sus reliquias principales se conservan en
la catedral de Murcia y en El Escorial. Es Patrona de la diócesis de Plasencia.
Sus reliquias principales se conservan
en la catedral de Murcia y en El Escorial. Es Patrona de la diócesis de Plasencia.
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SAN SILVERIO S. VI
Entre la fuerza bruta de los bárbaros
y las tortuosas intrigas de los bizantinos, cuando unos y otros se disputaban Italia,
Silverio tuvo un pontificado breve y tumultuoso. Sólo pudo ejercer como Papa un año, del
536 al 537.
De él sabemos que era natural de la Campania y que se le eligió por la influencia del
rey godo Teododato.
Según un antiguo hagiógrafo, «dos mujeres locas y atrevidas», la emperatriz Teodora,
casada con Justiniano, y amiga de los herejes condenados en el concilio de Calcedonia, y
Antonina, esposa de su general Belisario, fueron las culpables de todo.
San Silverio se negó a revocar las decisiones de su antecesor Agapito, declarando que
"antes perdería el pontificado y la vida que deshacer lo que tan santamente había
hecho su predecesor", y por obra de los manejos de estas dos mujeres, aliadas con un
clérigo ambicioso, Vigilio, perdió ambas cosas.
El Sumo Pontífice fue hecho preso, vestido de monje y
conducido al destierro en una isla, donde «afligido de pobreza, calamidades y miserias,
de puro maltrato vino a morir». Por eso la Iglesia le venera como mártir.
Vigilio, su sucesor, fue menos maleable de lo que esperaba Teodora y acabó renunciando a
la cátedra apostólica que había usurpado, aunque a la muerte de Silverio fue elegido
canónicamente como papa. Con él Roma tuvo durante un largo periodo una política
titubeante e insegura, que acentuaba aún más la firmeza heroica de que había dado
muestras Silverio.
Otros Santos: Santísima Virgen de la Consolata; Beata Margarita Ebner, virgen; Macario, obispo; Novato, Pablo y Ciriáco, mártires.
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