SAN MARCELINO CHAMPAGNAT 1789-1840
La
revolución de la gota de agua de Marcelino Champagnat.
La palabra revolución ha estado marcada durante mucho tiempo por un tinte violento.
Siempre se la ha relacionado con lo subversivo, con el cambio súbito. Pero cada vez se
empieza a hablar más de la revolución silenciosa, la que poco a poco y sin pretenderlo
va cambiando primero pequeñas cosas, que más tarde se convierten en grandes cosas.
Tal y como dice Victorino del Pozo en su biografía novelada del padre Champagnat: «no
hay revolución mas difícil que la revolución del grano de trigo o la de la gota de
agua. Pero una gota de agua puede excavar una gran gruta y un grano de trigo multiplicado
por la espiga de cada año puede ser el pan de un pueblo». Y una gran gruta, sin duda, es
la que abrió Champagnat con su idea de fundar y llevar adelante el proyecto de los
Hermanos Maristas de la Enseñanza.
El padre Champagnat vino al mundo en una fecha revolucionaria (su año de nacimiento,
1789, pasó a la historia como el año de la Revolución francesa), hecho que marcó su
trayectoria vital y confesional. Su infancia transcurrió en el pueblecito francés de
Marhles, donde la mayoría de los adultos y jóvenes eran analfabetos. Eran tiempos de
cambio, de ideas que hablaban de progreso social y de solidaridad; en definitiva: tiempos
de revolución. Pero de una revolución que cambió pocas cosas y que afectó a poca
gente.
Cuando Marcelino llevó a cabo su ministerio sacerdotal en La Valla pudo comprobar cómo
todas aquellas ideas de la Revolución, se habían quedado en ideas, no se habían
materializado. El aislamiento y la pobreza cultural seguían siendo los protagonistas del
entorno rural. La sociedad burguesa, impulsora del cambio, se había convertido en una
sociedad liberal y egoísta, donde los políticos únicamente se preocupaban de formar a
una élite de adinerados que se convertirían en los nuevos líderes políticos y
económicos del país. Hasta la Iglesia posrevolucionaria, apoyada en el nuevo sistema
político y refiriéndose a los mismos esquemas del Antiguo régimen, descuidaba su
atención pastoral a los jóvenes de las aldeas.
Esta era la situación, que la historia corrobora, cuando Marcelino decidió fundar una
nueva orden religiosa que se dedicase a la enseñanza de las clases sociales más pobres y
necesitadas.
Fue la muerte de uno de sus feligreses, Jean Baptiste Montagne, a la edad de 17 años, sin
haber oído hablar de Dios, el hecho que impulsó al padre Champagnat a emprender su
particular revolución, consciente de que contaba en sus manos con el arma capaz de
cambiarlo todo: la educación.
El Instituto de los Hermanos Maristas fue fundado el 2 de enero de 1817 en un pueblecito
(La Valla) cercano a Lyon por el que era sacerdote coadjutor de ese pueblo, Marcelino
Champagnat. En una casa alquilada, cerca de la casa parroquial, se instalan dos jóvenes
que comparten con él el proyecto de educar, humana y cristianamente, a los niños
abandonados de los pueblos en los que no hay ni maestros ni escuelas.
Así Marcelino reúne a sus dos primeros discípulos, ambos campesinos y comienza con
ellos una aventura educativa y espiritual que, como la revolución de la gota de agua se
extendió, y dio lugar a la gran gruta que hoy forma la familia marista en setenta y
cuatro países.
El fundador de los Hermanos Maristas había nacido en esa misma región (en Rosey) el 20
de mayo de 1789. Ya desde sus tiempos de seminarista se había comprometido en la
educación y atención de los niños de los caseríos y de los pueblos más abandonados.
Su «aventura» no tuvo, en principio, una gran aceptación en los poderes religiosos de
entonces que veían en su forma de proceder una amenaza a sus intereses. La iniciativa
recibió duras criticas de los sectores diocesanos, pero Marcelino se mantuvo firme en su
proyecto de fundar una orden religiosa que se encargarse, fundamentalmente, de la
formación y educación de los más pobres y necesitados.
La decisión de León XIII de nombrar como Administrador Apostólico de la diócesis a
Gastón de Pins cambió el curso de los acontecimientos y el padre Champagnat fue
autorizado a dejar la labor parroquial para dedicarse a potenciar la nueva congregación.
La pequeña comunidad religiosa empezó a extenderse, y se congregó en una casa de
formación amplia a la que se dio el nombre de Hermitage, que se convirtió en monasterio
y centro de formación de los futuros educadores. Con el tiempo llegaría a ser el centro
de una red de escuelas primarias cada vez más numerosas y mejor organizadas, que con su
nueva filosofía educativa y pedagógica produjeron y siguen produciendo cambios
importantes en la sociedad.
Marcelino es la raíz que da vida a la educación marista. Aproximadamente, unos
veinticinco años después de su muerte, el hermano Juan Bautista, su primer biógrafo,
recogió en un libro los apuntes que había tomado en charlas y explicaciones del
fundador. Esas Enseñanzas espirituales dan una idea de las claves espirituales del
espíritu marista. Entre las pequeñas virtudes: saber perdonar con alegría lo que no nos
gusta de los que viven con nosotros; tener un gran corazón para ayudar a quien sufre o lo
pasa mal; estar siempre alegres y contagiar alegría a todos; saber ceder en las ideas y
opiniones y no encerrarse en ellas; estar dispuesto a ayudar siempre, a echar una mano, a
colaborar en las cosas que nos piden los demás; ser educado y respetuoso y prestar a
todos las debidas atenciones; y pensar más en los demás que en uno mismo.
Por lo que se refiere a la educación de los niños éstas eran sus principales ideas:
- Educar al niño es abrir su inteligencia, y esto significa que en el mundo de sus ideas,
de sus deberes, van integrándose las manifestaciones del amor de Dios;
- educar al niño es formar su corazón, y en él la semilla de las buenas disposiciones,
la acogida, la cordialidad, la generosidad, la sensibilidad frente al dolor y la necesidad
ajena;
- educar al niño es hacer firme su voluntad, construirla desde valores y principios
auténticos; ayudarla con la bondad y la rectitud; reforzarla en la obediencia y la
sumisión a quien manifiesta amor y cariño;
- educar al niño es hacerle creer en el amor a Dios, y para ello la formación en la
oración, la alegría en el ser cristiano, la esperanza, el perdón;
- educar al niño es hacerle amar el trabajo, con constancia, con disciplina, con orden;
- educar al niño es apoyar su desarrollo físico. En la fuerza y el vigor, en la salud y
el buen crecimiento hay unos elementos muy importantes para la felicidad, que no se pueden
olvidar en la educación.
Son muchas las claves que se desprenden de estos pequeños fragmentos en los que se repite
con frecuencia la palabra alegría, el amor a Dios, la lucha contra el egoísmo, la
importancia de la educación y de la entrega a los más pobres y necesitados.
A la muerte del Beato Marcelino Champagnat "su sueño" de educar a muchos
muchachos había comenzado a hacerse realidad: la familia marista había fundado 53
escuelas, contaba con 280 hermanos y 180 de ellos estaban dando clases a unos 7000
alumnos. Era el 6 de junio de 1840.
En la actualidad, el Instituto Marista está establecido en 72 países y los 5.050
hermanos se distribuyen en 48 provincias. Hay 147 novicios. La casa generalicia está en
Roma y el Superior General es el español Hermano Benito Arbués.
España es el país que aporta más Hermanos al Instituto, 1.077. Las actividades de los
Hermanos Maristas son numerosas, sobre todo en los campos de la enseñanza y la cultura.
Tienen en el mundo escuelas, colegios, facultades universitarias, medios de comunicación,
editoriales... pero también atienden necesidades en los campos de la marginación, las
misiones, la colaboración en parroquias...
Este
gran apóstol de Alemania e ilustre fundador de una ínclita Orden religiosa, nació el
año 1080 en la pequeña ciudad de Santes, en los márgenes alemanes del Rhin y no
distante de Colonia.
El ejemplo de su tío, Federico de
Corinthia, arzobispo de Colonia, fue, quizá, la causa de que se encaminara hacia la
carrera sacerdotal. Su ordenación le introduce en la vida de prebendas y honores tras los
cuales correrá hasta que alcance un canonjía en la misma catedral de Colonia y ocupe un cargo eclesiástico cerca del
emperador Enrique V, cuando se convirtió en el transcurso de una tormenta en la que
estuvo a punto de muerte (1115).
Comenzó entonces una nueva vida de penitencia y apostolado. Se dedicó a la
predicación de los sacerdotes - a fin de inducirles a que ellos también vivieran según
el Evangelio - pero esto le granjeó ciertas enemistades, por lo que decidió abandonar
Alemania. Marchando sin rumbo fijo, acabó por afincarse en un bosque junto a Laón, en el
Premontré (1120). Allí era donde iba a realizar su ideal, al fundar una comunidad de
Canónigos regulares bajo la regla de San Agustín. Su objetivo consistía en la
regeneración del clero por medio de la vida común, la celebración del oficio divino y
la evangelización del pueblo. Al cabo de seis años Norberto fue elegido como obispo de
Magdeburgo. Sumido en adelante en los grandes asuntos de la Iglesia del Imperio, trabajó
con todo ardor en aquella reforma. Era, desde Gregorio VII, el objetivo de todas las
fuerzas vivas de la cristiandad, encontrando su fuerza en la Eucaristía y en su íntimo
amor a la Virgen María.
El 6 de junio de 1134 expiraba el gran "Maestro" como le llamó San Bernardo.
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Aunque no haya un santo patrón para quienes desean dejar de fumar, si
lo hubiera, podría ser la Beata María Teresa Ledochowska. La Beata María fue la hija
mayor del conde Antonio Ledochowska de Austria. Niña brillante y entusiasta, creció para
convertirse en dama de honor en la corte del gran duque Fernando y la gran duquesa Alicia.
Durante varios años combinó sus seductoras actividades con escritos en contra de la
esclavitud. Finalmente, el año 1891, cuando su deseo de escribir acerca de las misiones
africanas comenzó a usurpar una mayor porción de su tiempo, pidió ser liberada de la
corte. Renuentemente la familia real aceptó. La Beata María escribió en su diario:
«ofrecida la sagrada Comunión para el nuevo modo de vida...muy feliz y serena,...
abandonó el tabaco.»
No sabemos si la Beata María tuvo éxito en su resolución, pero al menos no formó una
liga antitabaco. Puede ser muy difícil soportar a alguien que se ha reformado. Los
exfumadores están entre los peores, pero cualquiera de nosotros que haya superado un mal
hábito puede ser igualmente culpable. Alguien que sigue una dicta con éxito es a menudo
impaciente con quienes continúan siendo golosos, y cualquiera que haya descubierto las
virtudes del ejercicio podrá ser insufrible para quienes son menos activos.
Si alguna vez nos sentimos tentados a predicar los méritos de una virtud recién
descubierta, recordemos cómo nos sentíamos cuando nos hallábamos en el bando receptor y
practiquemos el noble ejercicio de comernos la lengua.
SAN ARTEMIO
Director de la cárcel en que
se encontraban los santos Pedro y Marcelino, ante su ejemplo y sus palabras se hace
cristiano, juntamente con su mujer Cándida y su hija Paulina. Y el año 304 ofrecen el
testimonio supremo.Otros Santos: Claudio, Juan, Alejandro y Eustorgio, obispos; Amancio, Cándida y Paulina, mártires.
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