7 DE JUNIO
BEATA ANA DE SAN BARTOLOMÉ, virgen (1549-1626)
Nació en Almendral de la provincia de
Toledo, el 10 de octubre de 1549. Sus padres--Fernando y María--eran muy buenos
cristianos y educaron cristianamente a su hija.
El Venerable Matt Talbot
fue un alcohólico. Volvió bebido de su primer trabajo en un almacén de vinos cuando
tenía doce años, después de lo cual pasó muy poco tiempo sobrio. Un día, cuando
tenía veintiocho años, encontró a un sacerdote que le hizo prometer que no bebería en
tres meses. Aunque no estaba seguro de poder cumplirlo, lo hizo, extendiendo su promesa
por periodos mayores, hasta que finalmente la hizo para toda la vida.
Matt Talbot tuvo cuidado de no verse tentado indebidamente a romper su compromiso. Con ese
fin, nunca llevaba dinero encima. Matt desarrolló esta práctica poco después de su
conversión, tras haberse visto casi superado por el deseo de beber. Fue a una taberna y
trató de comprar una bebida, pero nadie quiso servirle. Finalmente se marchó y
permaneció en una iglesia cercana hasta que la cerraron.
Durante el resto de su vida, Matt Talbot trabajó duramente, dio la mayor parte de su
dinero para obras de caridad, y pasó largas horas en oración y arrepentimiento. De
camino a misa, se desplomó y murió de un fallo cardiaco. Tenía sesenta y nueve años.
Había mantenido su promesa durante cuarenta y un años.
Librarse de una adicción es un trabajo duro. Requiere determinación, dedicación y una
cantidad no pequeña de fe.
Si padeces una adicción del tipo que sea (el tabaco, el alcohol, la gula o las drogas),
los santos están ahí para ayudarte. Cuando las tentaciones se recrudecen, pídeles,
especialmente al Venerable Matt Talbot, que oren para que recibas la fortaleza que
necesitas. Es una petición que los santos nunca podrán rehusar.
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SAN PEDRO DE CÓRDOBA Y COMPAÑEROS 851
Después del martirio de
san Perfecto, los cristianos cordobeses, que solían vivir en los monasterios de los
alrededores de la ciudad, acuden a Córdoba como ansiosos por provocar a las autoridades,
queriendo ser mártires, hasta el punto de que san Eulogio, alarmado, trata de moderar sus
ímpetus.
La declaración pública de su fe basta para ser condenados a muerte en la capital de
Abderramán Il, y así son degollados, ahorcados o empalados, y sus cadáveres se queman
para dispersar las cenizas al viento.
Otros Santos: Walbonso de Niebla, mártir; Wistremundo, Abencio, Jeremías y Sabiniano y Vistremundo, monjes y mártires; Beata María Teresa Soubirán, virgen; Pablo y Antonio María, obispos; Licarión y Pedro, presbítero: Roberto, abad:
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