11 DE MARZO

SANTOS VICENTE, RAMIRO Y COMPAÑEROS, mártires S. VI

Vicenteramiron.jpg (23344 bytes)Jesús había prevenido a sus discípulos que nunca faltaría en la Iglesia la persecución. "Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. Si fuerais del mundo, el mundo no os odiaría. Pero, como no sois del mundo, el mundo os perseguirá". Así se ha cumplido siempre. Después de las persecuciones romanas, los herejes persiguieron a los católicos.
En el siglo VI dominaban en Galicia los suevos, que se habían inficionado de la herejía arriana. San Vicente era abad del monasterio de San Clodio, en la ciudad de León, y acérrimo defensor de la divinidad de Jesucristo. Este era el punto cardinal de la reñida controversia entre católicos y arrianos.
Reunieron un conciliábulo los herejes en la ciudad y citaron a Vicente con el ánimo de obligarle a abrazar la herejía. El abad se presentó, pero después de proclamar su fe y atacar la herejía, afirmó que no creía en otra fe que en la definida en el concilio de Nicea, y por ella estaba dispuesto a derramar su sangre, si fuera necesario.
Irritados los arrianos que no esperaban tanta valentía, descargaron contra él todo su furor y violencia, lo azotaron horriblemente y lo encerraron en un hediondo calabozo. Vicente, como ya les sucedió a los apóstoles y a tantos mártires, se sentía dichoso de sufrir por Jesucristo.

Lo sacaron del calabozo para ver si después de los tormentos cedía y se adhería al arrianismo. Pero al ver aquella invencible fortaleza, lo condenaron a muerte, que se ejecutaría a la puerta del monasterio, para que vieran los monjes lo que a ellos les esperaba si seguían aquella conducta. Así lo cumplieron puntualmente sus verdugos. El santo abad murió confesando valientemente su fe en la divinidad de Jesucristo.
No había quedado satisfecha la sed de sangre de aquellos herejes, sino que resolvieron acabar con todos los monjes del monasterio de San Clodio. Ramiro había quedado como superior del monasterio y estaba dispuesto a seguir los pasos de su santo abad. Pero no sabía la disposición de los demás monjes. Había notado diversas actitudes y estaba preocupado.
Ramiro, en tan críticas circunstancias, les habló de una doble posibilidad. Los que se sintieran fuertes, habían de prepararse para el martirio, los pusilánimes podían retirarse a las montañas.
Pero yo os ruego, les dijo, que no perdáis la corona que se nos presenta ni os prive de la visita del Señor respeto alguno del mundo. No os acobarde, hermanos, el furor de los herejes, ni os aterren las crueldades que ejecutan con los defensores de la divinidad de Jesucristo, puesto que está con nosotros el mismo Señor, que nos eligió para combatir contra los enemigos de la fe católica, para que, triunfando de ellos con su divina asistencia, reinemos por todas las eternidades en las moradas del Señor.
Se retiraron los demás monjes a las montañas de Galicia, y Ramiro con doce intrépidos religiosos se pusieron en oración, dispuestos a dar la vida por su fe en Jesucristo. No se hicieron esperar los herejes. Bien armados y con sed de sangre y llenos de violencia, se presentaron en el monasterio. Los monjes se pusieron a cantar con fervor el símbolo niceno, poniendo especial fervor y entusiasmo en las palabras que afirman la divinidad de Jesucristo. El Señor les fortalecía interiormente a todos ellos.
Esto exasperó más aún a los arrianos. Arremetieron furiosos contra ellos y los mataron a cuchilladas. Así, rezando y cantando, marcharon Jubilosos al paraíso a recoger la gloriosa corona del martirio.

Otros Santos: Sofronio, Benito, Eutimio y Firmano, obispos; Firmo, Gorgonio, Heraclio, Zósimo, Cándido, Piperión, Trófino y Talo, mártires;   Fermín, abad; Constantino y Pedro, confesores.

line2.gif (403 bytes)