28 DE MARZO
SAN ESPERANZA + 517
El papa san Gregorio Magno nos habla de él
en el cuarto libro de sus Diálogos, y empieza por sorprendernos un nombre hoy poco
frecuentemente impuesto a un varón: Spes o Esperanza, como si fuese una virtud teologal
personificada.
Sin embargo, san Esperanza no es una alegoría. Fue un monje fundador de un monasterio
próximo a la ciudad de Nursia, abad del cenobio, hombre piadosísimo y de gran serenidad
que sufrió sin una palabra de impaciencia o desconsuelo la desgracia de ser ciego durante
cuarenta años.
«El venerable anciano, cuanto más se veía falto de la corporal luz, tanto más
suspiraba por la espiritual y divina, que jamás le faltaba, porque la buscaba humilde; y
así, viendo el golpe del azote en el cuerpo, tenía el consuelo y alivio del Espíritu
Santo en el corazón».
Pasado el tiempo recobró la vista, y Dios le mandó entonces que visitase los monasterios
vecinos predicando a los monjes, para que se viese que el Señor, que le había devuelto
la luz, le convertía en instrumento para que los demás le recibiesen en los ojos del
alma.
A su regreso, tras haber recibido la Eucaristía, murió cantando salmos con la comunidad,
y vieron salir el alma de su boca en forma de una paloma blanca que, volando por el
oratorio, rompió el techo y se perdió en las alturas.
San Esperanza es el Job cristiano que no pide cuentas a Dios por su desdicha - su humildad
le impide hacer reclamaciones -, y que sólo ve en la adversidad una misteriosa prueba de
amor que no puede entenderse, pero que es sensible a su experiencia espiritual.

SANTA GUNDELINA S.
VIII
Llamada
también Gwendoline, renuncia las riquezas de la casa de su padre, el Duque de Alsacia,
Adalberto.
Se forma en la vida religiosa en el monasterio de Hohenburg. Allí, su célebre tía,
Santa Otilia. presentaba un ideal perfecto de vida consagrada.
El mismo que después presentará, durante el siglo VlII, Santa Gundelina como abadesa de
Niedermunster.
Una de sus grandes luminarias será, en el siglo XVIl, la Venerable Madre María de Jesús
de Agreda autora de "la Mística Ciudad de Dios".
También el Beato Amadeo de Silva, hermano de la Madre Beatriz, impulsó la vida religiosa
con sus altos deseos de observancia evangélica.
SAN CASTOR S.
III
Uno de los más
destacados mártires de las persecuciones del siglo III, da su vida por Cristo juntamente
con San Doroteo, en Tarso de Cilicia, la antigua colonia de los argienses en Asia Menor y
ciudad libre del Imperio romano, patria de San Pablo.
Otros Santos: Gontrán, rey; Prisco, Malco, Alejandro, Cástor y Doroteo,
mártires; Proterio, obispo; Beatos Conón, Antonio, Vonturino, Juana María.