29 DE MARZO
BEATO RAIMUNDO LULIO
S. XIII
El Beato Raimundo Lulio "el Doctor
Iluminado", Caballero andante a lo divino, filósofo, místico, trovador y poeta,
nació en Mallorca en el siglo XIII. Se casó y tuvo dos hijos.
Decide reparar una primera juventud de frivolidad, entregándose del todo a presentar
razonadamente el contenido de la fe, a promover las misiones y a liberar el Santo
Sepulcro.
Tras la muerte de su esposa, puede vivir libremente el modo religioso franciscano.
Escribe en prosa y verso libros de filosofía y teología, dedicados especialmente al
mundo árabe y judío: Arte magna, Árbol de la Ciencia, Contemplación en Dios,
Blanquerna, Cántico del Amigo y del Amado, Canto de Ramón, Cien nombres de Dios.
Por su didáctica intuitiva y el símbolo de su poesía, quedará como una figura cumbre
de la lengua catalana, en el siglo XII.
Crea en Mallorca el Centro de Estudios Orientales, de Miramar. Viaja por Europa,
África y Asia. En todos sus continuos ajetreos sólo le movía la gloria de Dios. Así cuando visita
a Felipe el Hermoso de Francia, y a Jaime II de Aragón y su esposa la dulce Doña Blanca
"reina blanca de blanca paz", a la que dedica un Libro sobre la oración. Así
cuando acude a la Corte de Roma, y al Concilio de Vienne, durante la cautividad de
Avignon, y emplaza al papa Clemente V ante el tribunal de Dios, si el Concilio se
malograra.
Aún hervían más empresas en su cerebro. Planea
en su opúsculo De Fine la conquista del norte de África, pasando por Málaga y Granada,
como el mejor camino para la redención del Santo Sepulcro de Jerusalén, que, con
lágrimas en los ojos, había visto abandonado en su viaje a Tierra Santa.
En 1314, ya octogenario, salía de Mallorca para su
último gran viaje al África.
En Túnez, una vez más, sufre tales vejaciones de parte de los sarracenos, que, aunque
luego sobreviviera, será venerado como mártir.
A Mallorca volvió, vivo o muerto, el año 1315. Allí había nacido hacía ochenta años.
Allí reposan sus restos que aún parecen gritarnos las palabras del Amado: "Si
vosotros, amadores, queréis agua, venid a mis ojos, que son fuentes de lágrimas, y si
queréis fuego, venid a mi corazón y encended en él vuestra antorcha". Así
contesta el Amado al Amigo.

SANTOS JONÁS y BARAQUISIO + 327
Dos mártires persas, tal vez hermanos, que
procedían de una aldea llamada Jassa, y que son las víctimas más famosas de la
persecución que desató contra los cristianos el rey sasánida Sapor II, en su intento
por restablecer el mazdeísmo y desarraigar el Evangelio.
Nueve cristianos, cuyos nombres ha conservado la tradición, fueron condenados a muerte, y
Jonás y Baraquisio salieron de su aldea para visitarles en las mazmorras y transmitirles
el aliento de sus palabras de fe, con lo cual se vieron también comprometidos y se les
encarceló, exigiéndoles a su vez que adoraran al soberano y rindiesen culto a los
elementos de la naturaleza.
Ante su tenaz negativa, fueron azotados con varas de granado y se les separó utilizando
un truco que todavía hoy es práctica habitual entre los sayones (decir a cada uno de
ellos que el otro había apostatado, con el fin de debilitar su convencimiento), pero todo
fue inútil.
Siguieron largas controversias con los magos y por fin los dos murieron del modo más
cruel: Jonás aplastado en una prensa para la uva mientras a Baraquisio le vertían plomo
derretido ardiendo por la garganta. Un devoto varón llamado Abdisotas rescató los santos
cuerpos por quinientos mil daries, la moneda del país, y tres vestidos de seda, y les dio
honrosa sepultura.
Mientras en Occidente Constantino protegía a los cristianos, en Oriente la persecución
hacía mártires, unos tenían que resistir el halago y otros la tortura, en Roma la
absorción y en Persia el exterminio, en Europa las tentaciones de la influencia y del
poder, en Asia las de las apostasía, doble experiencia complementaria que los católicos
del siglo xx conocen también.
Otros Santos: Ludolfo, Segundo, Pastor, Victorino, Armogastes, Máscula y Saturo,
mártires; Eustasio, abad; Bertoldo y Gundleo, religiosos: Cirilo, doctor; Beatos Esteban
X, Carmelo Tempier.