12 DE MAYO
SAN NEREO Y SAN AQUILES
Los
peregrinos de Roma conocen bien las dos basílicas de los santos Nereo y Aquiles: la que
fue erigida sobre sus respectivas tumbas en el cementerio de Domitila, junto a la vía
Ardeatina (siglo IV) y la que les dedicó el papa León III (795 en el interior de la
Ciudad, al comienzo de la vía Appia. Al igual que San Sebastián, Nereo y Aquiles
servían en el ejército en tiempo de Diocleciano. Si se ha de creer al papa Dámaso, no
eran todavía cristianos al desencadenarse la persecución (304), sino que fue el
entusiasmo de los mártires lo que les valió el don de la fe en Jesucristo. Un fragmento
de escultura de la basílica Ardeatina representa la ejecución de Aquiles: sobre su
nombre se ve a un personaje que, atadas las manos a la espalda es decapitado por el
verdugo. ¡Ojalá que, como hermanos al servicio del Imperio y hermanos en la fe para dar
el testimonio a Aquel que es el único Señor, se dignen otorgarnos «su fraternal
intercesión» ante Dios.
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SAN PANCRACIO, MÁRTIR

Muy próximo en las fechas del
calendario al que fue su maestro, Gregorio ostiense, nos sale al encuentro este santo que
por caridad se hizo peón e ingeniero, añadiéndose a su nombre en el recuerdo de las
gentes la mención de un camino que no es otro que el de Santiago.
Santo Domingo de la Calzada nació en Viloria, Álava, en una humilde familia.
De él se sabe que era pastor por las márgenes del Ebro en la Rioja, y que cuando hacia
el año 1050 decidió ser monje benedictino le rechazaron en dos monasterios, en Santa
María de Valvanera y en San Millán, tomándole quizá por vagabundo o por algún
fugitivo de las tareas del campo.
Se retiró entonces a las soledades de la agreste Bureba para hacer vida eremítica, hasta
que conoció al obispo Gregorio, del que fue discípulo y paje, aprendiendo mucho de su
ejemplo y de sus palabras que le confirmaron en su vocación.
A la muerte de san Gregorio ostiense volvió a la
Bureba y consagró su vida al servicio de los peregrinos de la ruta de Santiago, que
cobró gran auge, junto con Roma y Jerusalén.
De noche, se orientaban los peregrinos por la Vía Láctea, llamada por ello Camino de
Santiago. De día... Desde Roscenvalles hasta Nájera estaba bien marcada la ruta del
camino francés. Después se borraba el camino. Veredas inhóspitas, infestadas de
alimañas y salteadores, los montes de Grañón y Cirueña, los encinares de Carrasquilla,
el valle del Oja, la Bureba burgalesa... Un verdadero riesgo. Ya lo dice el viejo cantar:
"Vos que andáis a Santiago, mire vostra mercé, non ay puentes nin posadas nin cosa
para comer". Sí, era una aventura.
Viendo que la antigua calzada romana se encontraba en muy mal estado, decidió repararla,
reuniendo a una multitud de voluntarios para que colaborasen con él, y por fin llegó a
construir un puente sobre el Oja, improvisando conocimientos que parecían muy por encima
de su capacidad. En torno a su sepulcro creció la logroñesa ciudad que hoy se llama
Santo Domingo de la Calzada.
A Santo Domingo se le atribuyen muchos milagros. Pero él no ahorró esfuerzos por
facilitar el paso a los romeros. El Santo Patrono de la ingeniería española construyó
primero una ermita dedicada a Santa María, desde la que exploraba el horizonte para
acudir en ayuda de cualquier prójimo en apuros. Edifica después un albergue, en el que
hace de albañil, enfermero y hospedero. Luego busca recursos y levanta el famoso puente
sobre el Oja, que todavía subsiste, después de diez siglos.
Más tarde tala montes y construye una calzada, que llegará a ser su glorioso apellido.
Se le agregan muchos para colaborar con él, y empieza a nacer una ciudad, Santo Domingo
de la Calzada "ciudad cortés e hidalga con la caridad de Cristo que inflamó a su
Fundador, por cuyas calles aparece todavía la sonrisa amable que hace mil años acogía a
los peregrinos''.
San Juan de Ortega y Santo Domingo de Silos, que lo conocieron, atestiguan las múltiples
obras de caridad llevadas a cabo durante más de sesenta años por este benefactor
insigne.
Habiendo muerto nonagenario en 1109, se conservan documentos oficiales de 1112 en que ya
le denominaban Santo.
Para albergar el sepulcro que conserva sus venerables restos, se construyó después una
hermosa catedral, de arte gótico primitivo.
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