15 DE MAYO
SAN ISIDRO, LABRADOR

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La tradición jacobea se une también a los llamados siete «varones apostólicos». Por ellos, la predicación de los apóstoles, se vio continuada en la propagación del cristianismo en España. Sus nombres y su veneración están en el origen de otras tantas Iglesias españolas de la más reconocida antigüedad.
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Santa Juana nace en Burdeos el 1556. Sus
padres se llamaban Ricardo, buen católico, y Juana, ferviente calvinista.
La pobre niña empieza a ser objeto de contradicción. Es bautizada en la Iglesia
católica, a pesar de la oposición de la madre, que intenta inocular en la niña sus
propias ideas.
Pero su fe, combatida, acaba por fortalecerse, apoyada por su padre, su hermano Guido y su
tío, el célebre filósofo Miguel de Montaigne, que llamó a su sobrina "bella
princesa albergada en magnífico palacio".
Incluso deseó entregarse a Dios en el claustro, aunque no llegó a realizarse.
Juana creyendo acatar así los designios de Dios, aceptó el matrimonio con Gastón de
Montferrant, varón de Landirás y de la Mothe. Fue un matrimonio feliz. Tuvieron ocho
hijos, de los que sobrevivieron cinco, a los que Juana educó en la piedad y caridad
cristiana. La baronesa cumplió a la perfección sus deberes de esposa y de madre.
Llevaban 24 años de feliz matrimonio cuando Gastón murió. Seis años después había
muerto también el primogénito, y Francisco, el heredero de la baronía había fundado su
hogar. Dos hijas se habían consagrado al Señor, y la benjamina, Juanita, la encomienda
al cargo de Francisco. Así, todo arreglado, ella se consagra al Señor en las Fuldenses
de Tolosa.
Se siente feliz. Se entrega a rigurosas penitencias que la hacen enfermar. Una pena
profunda se apodera de ella al indicarle la superiora que ha de volver a su castillo de
Landirás, por prescripción facultativa.
Aquella noche empieza a diseñarse en su espíritu la futura Compañía de María. Tiene
una visión celestial, presidida por la Virgen María, en la que contempla que muchas
jóvenes se pierden. Las ve caer en espantoso torbellino y que tienden los brazos
implorando ayuda. El Señor va iluminando su camino. Los Padres Bordes y Raymond, de la
Compañía de Jesús, la apoyan y aconsejan. Se van concretando las reglas de la
Congregación, calcadas en las de San Ignacio. Y el 1 de mayo de 1608 toman el hábito de
la Compañía de María las cinco primeras religiosas.
El cardenal de Sourdis quiere acoplar la Obra a las reglas de las ursulinas, pero luego
cede. La Obra sigue adelante según el primer diseño. La Virgen vela por su Compañía.
En 1610 se consagran a Dios, el día de la Inmaculada, la madre fundadora y nueve
compañeras.
Pronto la semilla se hizo fecunda y floreció en 40 fundaciones. Abundaron las
persecuciones, los sufrimientos, hasta la traición de una de sus primeras hijas, Blanca Hervé, que empezó una conspiración viciosa
que dio como resultado su elección como superiora y la deposición de Santa Juana. Blanca
maltrató entonces cruelmente a su anterior superiora. Santa Juana soportó sus pruebas
con gran paciencia hasta que Blanca finalmente se arrepintió. Para entonces, sin embargo,
Santa Juana ya no deseaba ser repuesta como superiora y vivió sus restantes años en el
retiro.
Así se consolidaría el
Instituto. "La parte que Jesús nos da de su cruz nos hace conocer cuánto nos
ama", decía la Madre Fundadora cuando más arreciaban las persecuciones.
Tenía una gran devoción a la Eucaristía, a la Virgen María, al ángel de la guarda. El
2 de febrero de 1640 entregó su alma a Dios. Sus hijas seguirían trabajando por la
educación cristiana de la juventud, según el ideal de la Fundadora: "O trabajar o
morir por la mayor gloria de Dios".
Sus venerables restos, dispersos y profanados por la Revolución Francesa, fueron
felizmente encontrados. El 15 de mayo de 1949, el Papa Pío XII la elevó a la gloria de
los altares.
Otros Santos: Indalecio, obispo y mártir;
Eufrasio, obispo y mártir; Juan
Bautista de Lasalle, fundador; Juana de Lestonac, fundadora; Pacomio, abad.
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