18 DE MAYO

SAN JUAN I, PAPA Y MÁRTIR


Difícilmente ningún papa tuvo que cumplir nunca una más complicada que Juan I en el viaje que hubo de hacer a Constantinopla en el año 526. Bajo la amenaza de las represalias por parte de la población de la península italiana, el rey arriano Teodorico le enviaba al emperador Justino I, a fin de obtener de este que cesara en su opresión a los arrianos para que se convirtieran a la ortodoxia y aun que permitiera que convertidos retornaran al arrianismo. Constantinopla recibió en Juan I a un papa por primera vez en su historia: le acogió como hubiera hecho con el mismo Pedro en persona. El emperador quiso ser coronado de nuevo de manos del pontífice romano y este celebró solemnemente la misa de Pascua en Santa Sofía, rodeado por el clero griego y latino, por la corte y por todo el pueblo (19 de abril del 526). Evidentemente que ni el papa ni el emperador cedieron a las instancias de Teodorico. Por eso, convencido éste de que habla sido burlado, encerró al papa en la cárcel en cuanto regresó a Rávena. Allí le dejó morir de hambre. Cuatro años después, el cuerpo del papa Juan fue trasladado a Roma, en donde se le depositó en la basílica vaticana con los honores reservados a los mártires.

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18 DE MAYO

SAN TEODOTO ¿303?

Cuando G. K. Chesterton escribió:
«A las mentes rectas de los posaderos/Indúcelas de vez en cuando/A romper una botella con un amigo/0 a tratar a hombres sin dinero», podría estar refiriéndose a San Teodoto.

teodoto.jpg (4489 bytes)San Teodoto fue un vinatero y posadero de la Galacia del siglo cuarto. Cuando el gobernador de la región ordenó que todo alimento y vino debía ser ofrecido a los dioses antes de poder ser vendido, la comunidad cristiana se horrorizó. Obedecer la ley significaba que incluso el vino de la Comunión debería ser sometido a rituales paganos. Así que, con gran riesgo personal, San Teodoto guardó una reserva de vino que proporcionó a los cristianos.
A menudo nos tomamos grandes molestias para asegurarnos de que el alimento que tomamos cada día es puro y carente de riesgos. Sin embargo, tal vez no tengamos el mismo cuidado con el alimento que nutre nuestras almas.
Alimentamos nuestros espíritus de muchas maneras (los libros que leemos, la música que escuchamos, las conversaciones que tenemos), pero el modo primario en que nutrimos nuestras almas es a través de la oración. La oración nos permite abrir el grifo a los inacabables recursos de la divinidad, dándonos fuerzas para el viaje de la vida. Con toda su variedad de formas (intercesora, peticionaria, individual, comunal, contemplativo, audible, silenciosa, formal y conversacional), la oración proporciona un verdadero
buffet para nuestro crecimiento espiritual. Dado que no hay un solo modo correcto de orar, igual que no hay un solo alimento perfecto, somos libres de probar las diversas formas hasta encontrar la que mejor se nos acomoda.

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18 DE MAYO

SAN FÉLIX DE CANTALICE 1513-1587

felixcantalice.jpg (13722 bytes)Había sido mozo de labranza y pastor por las tierras de su Umbría natal, hasta que un día Oyó la lectura de unas vidas de santos y entendió que él quería ser como ellos. Al preguntar dónde era posible vivir como un anacoreta, le dijeron que en el convento de capuchinos que había en Citta Ducale, y allí ingresó como hermano lego en 1543.
Dos años más tarde era enviado a Roma, y en la capital de los papas hizo de limosnero hasta su muerte. El "hermano Deogracias", como se le llamaba, porque era lo que decía al recibir una limosna, fue muy pronto un personaje popular en la ciudad, barbudo y sonriente, con su talego al hombro.
Sentía predilección por los niños, a quienes enseñaba catecismo atrayéndoselos con sus chanzas y las cancioncillas que improvisaba, eran proverbiales su sentido del humor, su humildad y su paciencia, y en el convento no había fraile más mortificado y con más horas dedicadas a rezar que él.
Esta era una de sus grandes fórmulas, rezar, y cuando su amigo Felipe Neri y el gran cardenal Carlos Borromeo pidieron consejo a aquel pobre lego acerca de la proyectada reforma del clero diocesano, san Félix recomendó solamente que los curas rezaran con devoción el oficio divino.
«Los ojos en la tierra, el espíritu en el cielo y en las manos el rosario», como gustaba de repetir, iba por Roma recogiendo mendrugos de pan - parte del cual desmigaba franciscanamente para los perros callejeros y los pájaros - y limosnas, dando gracias a Dios por todo y rezando por todos. Hasta que ya en la vejez sintió acercarse la muerte, que anunció así con una de sus habituales sonrisas: "El pobre jumento ya no caminará más".

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SANTA RAFAELA MARÍA DEL SAGRADO CORAZÓN, religiosa (+ 1925)

rafaelamaria1n.jpg (11410 bytes)Santa Rafaela nació en Pedro Abad, Córdoba, el 1850. Fueron trece hermanos: once varones, Dolores y Rafaela. Cuatro años tenía Rafaela cuando murió su padre. Y cuando apenas cuenta 19, pierde a su madre. Esta muerte le afectó mucho. "Prometí al Señor no poner jamás mi afecto en criatura alguna". Pero ya a sus 15 años había hecho voto de castidad perpetua.
Rafaela y Dolores intensifican su piedad y obras de caridad. Pasan un tiempo de reflexión en las Clarisas de Córdoba. Un virtuoso sacerdote, D. Antonio, las orienta. Entran en contacto con la sociedad de María Reparadora. Cuando la sociedad se traslada a Sevilla, ellas se quedan en Córdoba. Con la ayuda del Sr. Obispo, Fray Ceferino González, fundan el Instituto de Adoradoras del Santísimo Sacramento e Hijas de María Inmaculada.
Por incomprensiones del Sr. Obispo se trasladan a Andújar y de allí pasan a Madrid. Les acompañan 16 religiosas. Muere su protector, D. Antonio, y le sustituye el P. Cotanilla, jesuita, y el obispo auxiliar, doctor Sancha. Ha sido un víacrucis con muchas estaciones. Pero la nueva Fundadora, Madre Rafaela, lo acepta todo, recitando versículos del Tedeum.
El primado de España, cardenal Moreno, les concede la aprobación diocesana en 1877. Por fin el Papa León XIII, el año 1887, aprobaba la Congregación con el nombre de Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, y las Constituciones, inspiradas - y bien que le costó - en las reglas de S. Ignacio.
Pronto se multiplicaron las fundaciones de nuevas casas: obras de apostolado y adoración reparadora. En la base de todo estaba la altísima y continua oración, que la M. Rafaela vivía e infundía en sus hijas, y sus heroicas virtudes, sobre todo la profundísima humildad, tanto que alguien llamó a la Madre "la humildad hecha carne".
Surgen pronto las desconfianzas, las incomprensiones, el arrinconamiento, el largo y absoluto olvido. Es un caso quizá único y ejemplarísimo en una Fundadora. Graves dificultades que surgieron en el gobierno, la movieron a renunciar al generalato a favor de su hermana Dolores. Fue un largo y dolorosísimo calvario. "Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?" Estaba en la plenitud de su actividad, a sus 43 años. Es el grano de trigo que muere para fructificar. Y así pasa más de 30 años.
Es difícil comprender el aislamiento, duros trabajos y humillaciones por las que se le hace pasar. Y para explicar esta situación, se divulga la especie de que se ha nublado su razón. La Madre se abraza a la "locura de la cruz", y una vez más, calla, sin una queja, en su pasión. Dolorida, pero serena, recorre ese espinoso camino, sostenida sólo por Dios, que la consuela con gracias internas y manifestaciones extraordinarias.
Sólo tres breves salidas hizo desde la casa de Roma, a Loreto, Asís y España, donde ni siquiera pudo visitar a su hermana en Valladolid, que vivía allí retirada también del gobierno de la Congregación, y "bajó de nuevo a su Nazaret", para seguir allí súbdita hasta la muerte, sirviendo en el silencio y la inmolación. Ni su director podía comprenderla y consolarla, pues hasta ignoraba que ella fuera la Fundadora. Ella callaba.
Pasaba muchas horas ante el Santísimo de rodillas, lo que le causó una enfermedad en las rodillas. Se fue consumiendo poco a poco en holocausto de amor. El Año Santo 1925 volaba a descansar en los brazos del Padre. El que se humilla será ensalzado. Comprobada la heroicidad de sus virtudes, fue beatificada en 1952. Más tarde fue canonizada.

Otros Santos: Leonardo Murialdo; Santa Rafaela María porras, religiosa; Próspero, obispo; Beato Guillermo de Tolosa, presbítero; Beata Mª. Josefa Sancho de Guerra, religiosa; San Venancio, mártir.

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