2 DE MAYO

SAN ATANASIO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

atanasion.jpg (13595 bytes) Acaba de extenderse justamente por Occidente la persecución (311), cuando la herejía más radicalmente anticristiana sacudió a la Iglesia hasta en sus mismos cimientos: en Alejandría un sacerdote llamado Arrio empezó a negar la divinidad de Jesucristo.
Se convocó en Nicea un concilio, el primero de los ecuménicos (325). Condenaría éste a Arrio definiendo que Jesús " es «Dios de Dios, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre». La crisis seguiría creciendo durante más de cincuenta años. En algunas ocasiones parecía todo perdido para la verdadera fe, pero Dios suscitó unos defensores enérgicos de la misma. Uno de los más notables fue el obispo Atanasio de Alejandría.
Era egipcio de Alejandría, y siendo un joven diácono, acompañó a su obispo al concilio de Nicea (325), donde contribuyó a que se condenaran las doctrinas de Arrio. Pocos años después él era el patriarca de Alejandría, y seguiría siéndolo durante cerca de medio siglo, que no fue precisamente apacible para este defensor acérrimo de la ortodoxia.
Atanasio no temía ni al emperador, ni a los sínodos de obispos sometidos al poder imperial, ni a la fuerza pública, ni al mismo sufrimiento. A lo largo de cuarenta y cinco años de episcopado (328~373), hubo de soportar cinco destierros, inflexible en su fe, como modelo acabado de pastor que hace frente a todo por defender las razones de vida de su pueblo, más que las suyas propias. Siendo como era Atanasio un hombre de carácter, no sólo se mostraba intrépido en la acción, sino que también sabía escribir, tanto para cantar el estado de virginidad y exaltación de la vida eremítica, como para exponer la fe ante los arrianos o para mostrar la ternura de su amor hacia Cristo, Dios hecho hombre, en quien ponía toda su confianza, puesto que «Dios se hizo hombre para que el hombre se divinizara».
«No veréis a nadie que se esfuerce realmente por su avance y que no se entregue a la lectura espiritual», señaló, «y en quien lo descuide, el hecho pronto se observará en su progreso».
Las palabras de los santos a lo largo de los siglos proporcionan un maravilloso lugar para empezar a aprender lo que los grandes hombres y mujeres han pensado acerca de Dios, la creación, la santidad y la oración. Si queréis saber más acerca de los santos, lo que los motivó a la santidad y cómo su discernimiento puede ayudaros en vuestro propio viaje espiritual, necesitáis buscar y leer sus escritos por vosotros mismos.

Finalmente, después de tantos trabajos soportados con invicta paciencia, pasa al Señor con cuarenta y seis años de sacerdocio el año 373, imperando Valentiniano y Valente. Ha sido llamado "el inmortal" Doctor de la Iglesia, aludiendo a su nombre griego.

Otros Santos: Nª Sª de Lledó, Segundo obispo y mártir; Exuperio, Zoe, Ciriáco y Teódulo, mártires.

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