4 DE MAYO
SAN GOTARDO 1038
San Gotardo nació en el pueblo bávaro de Reichersdorf.
En el 990 era monje benedictino en
Nieder Altaich, cerca del lugar donde nació, y que pocos años después se le elegía
abad de este monasterio, en el que devolvió toda su pureza original a la regla de san
Benito, un tanto relajada en muchas comunidades.
Su fama llegó a ser tal que el emperador san Enrique II le confió la reforma de otros
cenobios, como las abadías de Hersfeld y Tergensee, y por fin en el 1022 sucedió a san
Bernardo de Hildesheim en su diócesis, muy lejos ya de su Baviera natal.
Tiene muchos devotos en Austria y Prusia, y se le invoca contra la gota y contra los
reumatismos, pero ha pasado a la historia sobre todo como un gran obispo constructor, que
terminó la catedral de Hildesheim, erigió la iglesia de San Miguel en esta ciudad y
fundó asilos para pobres.
Una de sus más grandes actuaciones
como obispo fue construir un hospicio en los arrabales de la ciudad para los enfermos y
pobres. Cualquiera que se hallase en necesidad podía permanecer allí, pero San Gotardo
tenía poca paciencia con los vagabundos profesionales físicamente capacitados, y no les
dejaba permanecer más de unos pocos días.
San Gotardo entendió que aunque se nos pide prestar ayuda a quienes lo necesitan, no
estamos obligados a ser tontos o ingenuos al respecto. Si hubiese convertido su hospicio
en un refugio de oportunistas, los verdaderamente necesitados habrían tenido que quedarse
fuera por falta de espacio.
No obstante, San Gotardo dejó que la virtud de la caridad mandase en todas las ocasiones.
Dejó entrar a todo el mundo en el hospicio, y les dio cobijo y alimento durante dos o
tres días, tiempo suficiente para hacerse una idea de si intentaban engañarle.
La sabiduría de San Gotardo para tratar una situación espinosa nos enseña otra
lección. Al insistir en que los vagabundos profesionales quedasen sin limosna, nos
recuerda que cuando tenemos necesidad, no hay vergüenza alguna en pedir ayuda, pero que
cuando pedimos ayuda para evitar nuestras propias responsabilidades, nadie está obligado
a ayudarnos.
Se le suele representar con una
iglesia en miniatura, impávido y afanoso Gotardo construye iglesias y reconstruye almas
con la serenidad y la firmeza de quien tiene la eternidad por delante

BEATO
JOSÉ Mª. RUBIO, presbítero (+ 1929)
El Beato José Mª. Rubio nació en Dalías,
Almería, el 1864. Fueron doce hermanos. Estudió en los Seminarios de Almería, Granada,
Madrid y Toledo, donde se graduó en Derecho Canónico. Fue ordenado sacerdote el 1887.
La primera etapa está centrada en su
vida de sacerdote diocesano en la diócesis de Madrid. Coadjutor en Chinchón, párroco en
Esterera, oposiciones a canónigo en la catedral, profesor en el Seminario, capellán de
las Bernardas, confesor de las Reparadoras, Notario de la Curia...
A propósito de sus múltiples apostolados, dijo del P. Rubio el Sr. Obispo de Madrid, D.
Leopoldo Eijo y Garay: "No parece sino que quiso Dios que fuese un poco de todo, para
que todos, coadjutores y párrocos, profesores y capellanes y curiales, se pudiesen mirar
en él como en dechado y modelo del clero secular. Hasta el obispado conserva el recuerdo
de su virtud".
La segunda etapa de su fecunda vida se desarrolla ya en la Compañía de Jesús. Hacía
tiempo que lo maduraba. Al peregrinar a Tierra Santa y Roma, pasa por Manresa y allí se
decide definitivamente. Hizo el Noviciado en Granada, convive en Sevilla con el santo y
famoso predicador P. Tarín, y el 1911 comienza su febril apostolado como "apóstol
de Madrid".
Así se le ha llamado con todo derecho. Dos eran sus cátedras: el confesonario y el
púlpito. Eijo y Garay reconoce que no había otro confesonario con más trabajo en
Madrid. "No era sólo un vaciadero de pecados era principalmente una forja de
espíritus. Se buscaba sobre todo la formación".
Además el P. Rubio hacía trabajar. Uno de sus grandes secretos se cifró en lanzar a los
seglares sobre Madrid y sus alrededores. Fue un adelantado del apostolado seglar hacia
lejanos y marginados.
Cuando quedaba libre de sus dos cátedras, iba en busca de pobres y enfermos. Iba sin
miedo a los suburbios, zonas muy conflictivas, armado únicamente de su bondad. Buscaba
almas necesitadas, donde estuvieran. Acogía a todos, y a las personas pudientes las integraba en su apostolado.
Fundó o promovió muchas obras: Damas Apostólicas del Sagrado Corazón, Marías de los
Sagrarios, La Guardia de Honor. Promocionó el Monumento del Cerro de los Ángeles. Años
intensos en un Madrid difícil.
El 2 de mayo de 1929 moría santamente el apóstol de Madrid. Sus restos descansan en la
iglesia de Maldonado y son objeto de gran veneración. El 6 de octubre de 1985 fue
solemnemente beatificado por el Papa Juan Pablo II con otros dos jesuitas, el P.
Sanvitores Y el H. Gárate.
Otros Santos:
Francisco de Paula, ermitaño; Peregrín Laziosi, religioso;
Ricardo Reynolds, mártir; Beata Emilia Bilchieri, virgen; Beato Ceferino Jiménez, el
"Pelé", gitano; Florián, mártir.
