SANTA GERTRUDIS 1256-1302
La abadía de Belfa, en
Sajona, en la que Gertrudis fue consagrada por sus padres al Señor a los cinco años
(1261) y donde vivió hasta su muerte (hacia el 1302), gozaba de un ambiente en el que se
cultivaban las letras y las artes. La joven Gertrudis se deleitó con el estudio de las
lenguas y literatura latinas, así como con el canto y la pintura. Mas todo eso apenas si
hacía entrever a la futura mística. Acababa de cumplir veinticinco años cuando, en una
visión, el Señor «la tomó, la levantó y la puso junto a sí». Fue una auténtica
conversión. Comenzó entonces para la monja una vida plena de humildad, de paciencia ante
la enfermedad y de cuidado por los demás. Gertrudis no renunció nunca a pesar de eso al
trabajo intelectual, mas, como ha hecho ver su biógrafo, pasó "de la gramática a
la teología". Se dedicó a la meditación de la Escritura y de los textos
litúrgicos y frecuentó la lectura de los Padres, en especial la de San Agustín y San
Bernardo. Gertrudis ha dejado en sus Revelaciones y en sus Ejercicios Espirituales un
testimonio sobre su propia vida de intimidad para con Dios, ligada por entero a la
contemplación del Amor hecho carne, cuyo símbolo maravilloso cree ver en el costado
abierto de Cristo en Cruz. En una de sus oraciones dice Gertrudis al Señor: "Deseo
amarte no sólo con ternura sino también con sabiduría". Se echa de ver en tales
palabras a la hija de Agustín y Bernardo.