13 DE OCTUBRE
SAN EDUARDO 1004-1066
Llamado
el Confesor para distinguirle de su tío, el homónimo rey mártir, es el último de los
monarcas anglosajones antes de la conquista normanda, el fundador de la abadía de
Westminster donde aún se veneran sus restos. Fue antes que san Jorge el patrón de
Inglaterra y de la familia real.
Su atributo es «el anillo que estuvo siete años en el Cielo»: para poner a prueba su
caridad, san Juan Evangelista se disfrazó de mendigo y pidió limosna al rey, quien al
tener vacía la bolsa le dio su anillo de oro. Al cabo de siete años, a un peregrino
inglés que se encontraba en Palestina se le apareció san Juan y le dio el mismo anillo
para que se lo entregase al rey, anunciándole que no tardaría en entrar en el Paraíso.
Pero más aún nos interesa el que fuese el Hamlet de la santidad, contemporáneo del
también shakesperiano Macbeth: depuesto y asesinado su padre, vive en el destierro de
Normandía desde los diez años, su madre se casa con el usurpador y le da un heredero que
será rey, y su hermano Alfredo encuentra la muerte al tratar de reconquistar Inglaterra;
hasta que a los cuarenta años la súbita muerte del hermanastro le permite ceñir la
corona.
Shakespeare y Freud parecen entretejer estos bárbaros episodios de crueldad y pasiones
desatadas, pero Eduardo se mueve en este sangriento clima con un espíritu cristiano que
desconcierta a los historiadores; bondadoso y débil, dicen unos, santo en la firmeza, la
misericordia y los afanes de paz, según otros.
No se venga de su madre más que recluyéndola en un monasterio, y hasta el fin de sus
días será un soberano ansioso de justicia y modelo de piedad. Su tremenda historia
personal es un acicate para hacer el bien en las peores circunstancias, el espíritu de
los Evangelios corrige a Shakespeare.
Otros Santos:
Fausto, Jenaro y Marcial, mártires
de Córdoba; Serafín de Montegranero, religioso; Beato Laluino, monje; Beata
Magdalena Panatieri, virgen
