18 DE OCTUBRE
SAN LUCAS S. I
Nadie ha
merecido como San Lucas el título de evangelista, de mensajero de la Buena Nueva; no ya
porque el historiador de Cristo, en el tercer Evangelio, se convierte enseguida en los
Hechos de los Apóstoles, en el historiador de la Iglesia naciente, de la difusión del
mensaje cristiano al mundo, sino, ante todo, porque en su estilo de griego y de literato,
el mensaje de salvación canta un auténtico himno de acción de gracias, de alegría y de
optimismo. Lucas no minimiza nunca la Cruz - a él se debe la descripción más detallada
de la agonía de Jesús - pero en el predomina el gozo: desde el nacimiento de Juan, con
el cual - "muchos se alegrarán" a la evocación de los discípulos, que tras la
Ascensión "volvieron a Jerusalén con gran alegría", pasando por el relato de
la pecadora perdonada y del Hijo Pródigo, todo en él es un triunfo de la vida y del
amor. Los Hechos están bañados por la misma luz: "los creyentes celebraban la
fracción del pan en las casas y comían juntos alabando a Dios con alegría y de todo
corazón" (Hc. 2, 46). "En el grupo de creyentes todos pensaban y sentían lo
mismo" (Hc. 4, 32). Lucas que se unió fielmente al alma de San Pablo y permaneció
junto a él aun en sus cadenas, el cantor de la mansedumbre de Cristo - como le llama el
Dante -, captó desde el principio el universalismo del mensaje de amor que Jesús había
confiado a los suyos. El Salvador que nos presenta este hombre llegado del paganismo es
claramente "luz para alumbrar a las naciones". (Lc. 2,32)
El único de los evangelistas que no era judío, sino gentil, quizá natural de Antioquía
y que parece que fue médico de profesión. Discípulo de san Pablo (quien le alude en la
carta a los colosenses como «Lucas, el médico amado»), le acompañó en sus viajes y
tal vez se encontraba con él en Roma cuando sufrió martirio; poco más se sabe, aparte
de que escribió el tercer evangelio y los Hechos de los apóstoles.
Según remotas tradiciones, después de la muerte de Pablo predicó la buena nueva en
Egipto y en Grecia, y debió de morir en este último país, quién sabe si crucificado en
Patrás, como algunos suponen. Su símbolo es el buey, porque su evangelio empieza con el
sacrificio de Zacarías en el Templo, y desde tiempo inmemorial es patrón de médicos y
cirujanos.
Como evangelista tiene un rasgo muy peculiar sin duda debido a su condición de gentil que
escribía para cristianos de cultura griega, hace muy pocas referencias a la ley mosaica y
es el que más insiste en el alcance universal de la salvación, mostrándose también en
eso fiel discípulo de san Pablo.
Pero Lucas posee además una característica muy llamativa que ha dado origen a una
curiosa leyenda: es el que más habla de la Virgen, quizá porque la trató personalmente
(por ejemplo, es el único que cuenta la Anunciación), y de ahí que atribuyéndosela
habilidades de pintor se supusiese que pintó un retrato de Nuestra Señora.
Aunque los supuestos retratos sean muy tardíos (el más famoso, que se conserva en la
Capilla Paulina de Santa María la Mayor de Roma, es un icono del siglo XII), los pintores
le tienen también por patrón celestial y se encomiendan a él como al artista que tuvo
el máximo modelo de hermosura humana.
Otros Santos:
Asclepidies
y Atenodoro, obispos; Julián, ermitaño.
