19 DE OCTUBRE

SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, PRESBÍTERO 1499-1562

pedroalcantara.jpg (22296 bytes)Pedro Garabito y Villela, nacido en Alcántara (1499), era hijo del gobernador de la región extremeña. Sus padres le procuraron una formación esmerada, primero en Alcántara y más tarde en Salamanca, donde, a sus quince años, había ya concluido el primer curso de Derecho. A la par que esta formación humana, el joven Pedro incrementaba también su vida espiritual con la oración y los sacramentos. Concluido ese primer curso de su carrera, se le planteó el serio problema de la orientación de su vida y, al ver pasar por delante de la puerta de su casa a unos franciscanos descalzos de reciente reforma, - sintió tal impulso que, abandonando a los suyos, se unió a aquellos frailes, tomando el hábito de San Francisco (1515). Una vez ya en el noviciado, dejó entrar aún más plenamente a Dios en su vida a impulsos de «su admirable penitencia y su altísima oración», que a veces le llevaba incluso a perder el sentido para las cosas de este mundo, manteniéndose con la mínima cantidad de alimentos imaginable y aceptando todo género da penitencias. A esta vida, refrendada por frecuentes milagros, iba Dios a unir la lucha por la reforma necesaria en aquellos tiempos para la Iglesia, poniendo en su camino a la otra gran santa reformadora, Teresa de Jesús. Calando hasta lo hondo en los planes de Dios, no puso tanto ese sentido renovador en unas constituciones escritas que son bastantes moderadas sino en el espíritu que supo infundir en sus hermanos, que les hacía perfectos seguidores del gran pobre de Asís en su desprendimiento absoluto y en su amor a toda la naturaleza por Dios. Como diría Santa Teresa a la muerte de Pedro de Alcántara, si bien sus austeridades y vida contemplativo pudieron parecer a algunas personas cosas de locos, serían en todo caso una locura de amor de- Dios. Murió el 18 de octubre de 1562 en el convento de Arenas

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SAN PABLO DE LA CRUZ 1694-1775

pablocruzn.jpg (20274 bytes)Pablo Danci nació en Castellazo (Liguria), en 1694, el mismo año que Voltaire. Luego de haber ayudado a su padre en su comercio y de servir por algún tiempo en el ejército, se sintió pronto atraído por la contemplación de la Pasión de Jesús y la evangelización de los campesinos. Retirado en 1720 a una ermita, donde se entregó a severas mortificaciones y donde recibió gracias místicas excepcionales, prolongaba su oración por lo menos durante siete horas cada día. Por entonces concibió la regla de los «Clérigos descalzos de la Santa Cruz y de la Pasión», que proyectaba fundar. Después de haber sido ordenado de sacerdote (1726), se consagró a la predicación a través de toda Italia en misiones al estilo de fuerte tono de la época: disciplinándose en el púlpito y doblando a muerte por las noches para incitar a todos a que se preparasen para el último trance. La Regla de los Pasionistas fue aprobada en 1741, a pesar de los titubeos de la autoridad ante su carácter austerísimo. Pablo Danci se convirtió, a partir de entonces, en Pablo de la Cruz. Multiplicó las fundaciones de los «Retiros», como llamaba a sus casas, añadiendo a la orden una rama femenina (1771). En 1765 fijó su residencia en Roma. En 1773, el papa Clemente XIV, oyendo que Pablo había tenido por compañero a un hermano de nombre Juan, muerto con fama de santidad (1765), les confió a los Pasionistas el servicio de la antigua basílica de los Santos Juan y Pablo, en el Coelius. Allí fue donde murió San Pablo de la Cruz el 18 de octubre de 1775.

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SAN JUAN DE BREBEUF Y SAN ISAAC JOGUES  Y COMPAÑEROS MÁRTIRES S. XVII
juanbrebeufn.jpg (19421 bytes)San Juan de Brébeuf y otros misioneros fueron de los primeros exploradores blancos en establecerse en lo que hoy en día es Ontario. Siguiendo a los mercaderes de pieles, fray Brébeuf y otros sacerdotes fueron al Nuevo Mundo para tratar de convertir al cristianismo a los nativos americanos. Decir que encontraron resistencia es un eufemismo; fueron torturados y matados, y sus misiones destruidas. Como misioneros, su éxito fue problemático. Como exploradores se las arreglaron algo mejor, convirtiéndose en parte de los anales de la historia.
Los ocho jesuitas franceses que fueron ejecutados por Cristo en América del Norte en el siglo XVII se pueden distribuir en dos grupos: unos padecieron el martirio cerca de Auriesville, en el actual Estado de Nueva York, en territorio de los iroqueses: son San Renato Goupil-el protomártir de América (29 de septiembre de 1642) y los Santos Isaac Jogues y Juan de La Lande (18 de octubre de 1648). Los demás recibieron la muerte en territorio de Canadá habitado por los hurones: son los Santos Carlos Daniel (4 de julio de 1648), Juan de Brebeuf y Gabriel Lalemant (16 de marzo de 1649), Natal Chabanel (diciembre de 1649) y Carlos Garnier (7 de diciembre de 1642). Isaac Jogues había sido apresado y torturado por los iroqueses en 1642. Más tarde, liberado por los holandeses, había regresado a Francia donde produjo enorme impresión el relato de sus sufrimientos. Pero quiso retornar de nuevo, al cabo de tres meses: «Mis pecados, escribía, me han hecho indigno de morir entre los iroqueses». El Señor no había de tardar en atender el deseo de su siervo, de quien pudo afirmar un compañero que «era un alma pegada, si cabe hablar así, al Santísimo Sacramento». Juan de Brebeuf, el hombre más notable del grupo, era un místico profundamente unido a Dios en la oración y la penitencia. Había hecho el voto de no huir jamás de la ocasión del martirio. En cuanto a Natal Chabanel, al que le torturaba la tentación de pedir su retorno a Francia, hizo, el día del Corpus Christi en 1647, el «voto de estabilidad perpetua en esta Misión de los Hurones».
Isaac Jogues fue el primer sacerdote católico que pisó Nueva Ámsterdam, hoy Nueva York; cayó prisionero de los iroqueses que le torturaron hasta mutilarle ambas manos, consiguió huir, fue recibido en Francia con grandes honores y, de nuevo en el Canadá, murió de un golpe de tomahawk en la cabeza.
Compañero suyo de martirio fue el hermano Jean Lalande. En la hoguera perecieron Antoine Daniel y Gabriel Lalemant, y los demás son Charles Garnier, muerto a hachazos, Jean de Brébeuf, que expiró después de torturas inauditas, René Goupil y Noel Chabanel, quien sentía tanta repugnancia por el ambiente en que se encontraba que hizo voto solemne de no abandonar su puesto.
Ninguno abandonó su puesto, y cuando se les canonizó colectivamente en 1930 la iglesia les hizo modelos de las prioridades espirituales sobre la propia vida.

ANIVERSARIO DE LA DEDICACIÓN DE LA S. I. CATEDRAL DE MONDOÑEDO

La primitiva sede de San Martín de Dumio, del siglo VI, fue trasladada en el primer tercio del XII a la actual Mondoñedo, donde tras alguna vacilación se asentó bajo la prelatura de Martín (1233), teniendo lugar bajo su pontificado la construcción y consagración del templo actual, hoy bastante reformado. En esta sede episcopal de tan larga tradición ejerció su magisterio el obispo San Rosendo,

Otros Santos: Lucas del Espíritu Santo, mártir.

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