27 DE OCTUBRE
SAN FRUMENCIO 389
No se sabe con certeza qué fue lo que llevó al joven
Frumencio desde su Tiro natal, en Fenicia, hasta el interior de África, más allá de
Egipto e incluso del remoto Sudán; tal vez era un explorador movido por ansias viajeras,
aunque su patria nos hace pensar que pudiera tratarse de un mercader.
Es posible que todo empezara con lo que hoy llamaríamos una prospección de mercado, el
hecho es que nuestro hombre se encontró en Etiopía, y allí acabó en presencia del rey
Eskendi, que tenía su corte en Axum o Aksum, lugar que aún existe en el Tigré, al norte
del país, no lejos de Asmara.
Frumencio se hizo indispensable al monarca, fue su secretario y consejero, posiblemente
también algo parecido a su juglar, ya que dominaba el arte de la narración y sabía
mantener en suspenso a sus oyentes con historias maravillosas; por ejemplo, las que se
contaban en unos libros llamados Evangelios.
Eskendi se convirtió al cristianismo antes de morir, y su hijo y sucesor, Ela-San, fue
más lejos aún: se construyó una iglesia, se entablaron negociaciones con mercaderes
cristianos y quiso también ser alimentado con aquel Pan del Cielo de que le hablaba el
misionero blanco.
Como Frumencio no había sido ordenado, emprendió viaje a Alejandría para pedir a san
Atanasio que enviara sacerdotes a aquellas tierras, pero el patriarca consagró obispo al
mismo enviado, y desde entonces Frumencio, primer evangelizador entre los etíopes, fue
hasta su muerte el guía espiritual de la novísima cristiandad.
En Abisinia se le recuerda con el nombre de Abba Salama, padre de la paz.
Otros Santos:
Vicente, Sabina y Cristeta,
mártires; Beato Bartolomé de Vicenza, obispo; Gaudencio, obispo; Florencio y
Capitolina, mártires.
