12 DE SEPTIEMBRE
SAN GUIDO DE ANDERLECHT 1012
Cantidades ingentes de dinero se gastan cada día en billetes de
lotería. Cuando el bote alcanza proporciones escalofriantes, llegan a gastarse millones.
No importa que las probabilidades de no ganar sean astronómicas; la idea de que quizá
una particular serie de números traiga la riqueza es suficiente para mantener floreciente
el negocio de la lotería.
La mayoría de nosotros no dejaríamos pasar una oportunidad de hacernos ricos
rápidamente. Tampoco lo hizo San Guy de Anderlecht. Sacristán de la iglesia de Nuestra
Señora en Laeken, cerca de Bruselas, en el siglo once, invirtió todos sus ahorros en el
proyecto de un cargamento por barco. El barco se hundió y con él toda la inversión de
San Guy. Habiendo abandonado su trabajo como sacristán, quedó sin un duro y sin trabajo.
Resulta divertido pensar qué haríamos si de repente nos volviéramos ricos, pero como
nos demuestra el ejemplo de San Guy, es necio gastar más de lo que podemos permitimos
perder. Aunque pocos santos obtendrían trabajo como asesores financieros (la mayoría
estaban inclinados a darlo todo), saben algo acerca de las inversiones: invertir en la
eternidad.
Si deseamos ser verdaderamente ricos, necesitamos acumular tesoros capaces de durar. La
riqueza que los santos nos animan a buscar consiste en las virtudes de bondad, paz,
amabilidad, paciencia, control de uno mismo, fidelidad, delicadeza y amor. Cuando
invirtamos en estas empresas, podremos estar seguros de que nuestros barcos no sólo
arribarán siempre a puerto, sino que además vendrán sobrecargados de beneficios.

BEATA MARIA DE
JESÚS LÓPEZ RIVAS, virgen, 1560-1640
"El letradillo"- como la llamará
la gran doctora Teresa de Jesús y así lo seguirán haciendo todos los historiadores -
nació en Tartanedo (Guadalajara) el 18 de agosto de 1560.
Pronto llegaron pruebas a su corazón, ya que siendo todavía muy niña, murió su padre y
se vio obligada a emigrar a Molina de Aragón, al lado de sus abuelos paternos. Aquí
creció en edad y formación cristiana, ya que ellos vivían muy seriamente la fe de
Jesucristo. La niña María conoció desde muy jovencita al Padre Castro, jesuita, quien
la encaminó hacia el Carmelo.
No disfrutó nunca de buena salud y esto le hizo pasar muchos apuros y no pocos desdenes
hasta de las mismas religiosas que no querían ligarse con una enferma para siempre. Pero
intervino la Madre Teresa y dijo al recibirla y ofrecerla a la Comunidad de Toledo en
1577: "Hijas mías, les envío esta hija mía con cinco mil ducados de dote, pero
hágoles saber que ella es tal, que cincuenta mil diera yo de muy buena gana. Mírenmela
no como a las demás, porque espero en Dios que ha de ser un prodigio". No sabemos si
es auténtica o no esta carta de la gran Doctora, pero si una cosa es cierta: tenía en
alto concepto la santa Madre a esta hija de Tartanedo.
A pesar de sus enfermedades vistió el hábito de carmelita el 12 de agosto de 1577 e hizo
la profesión el 8 de septiembre de 1578.
Santa Teresa llegó a calar profundamente en su alma y veía en ella ricos quilates que
sabía darían su fruto en el futuro. No se equivocó. La misma Santa dijo en otra
ocasión: "Estoy segura que será más dichoso el convento que la tenga que todos los
demás, porque aun cuando sea para estar en cama toda la vida, la quiero tener en mi
casa".
Las enfermedades que siempre la aquejaron no acortaron su vida ya que murió muy anciana,
a pesar de haber vivido con todo su rigor la dura vida de carmelita contemplativa y de
haber trabajado duramente a lo largo de toda su vida. Nunca aceptaba dispensas de ninguna
clase.
Como muy bien decía la santa Madre, la enfermedad que más la aquejaba era la
"enfermedad del amor" que sentía tan hondo y grande por el Señor.
Desempeñó varios cargos: sacristana, enfermera, maestra de novicias, priora, subpriora,
etc... y todos estos cargos los desempeñó con gran entrega y caridad. Todos acudían a
ella para pedirle consejo y la amaban con toda su alma. La misma Madre Teresa en más de
una ocasión acudió a ella para que le solucionara algunas dificultades que tenía sobre
la vida de oración y siempre encontró en Hermana María de Jesús luz y sabia
orientación. Por ello la bautizó con el cariñoso nombre de "mi letradiIlo":
Así debe ser como dices, "letradillo mío".
Era un alma sencilla y de un candor angelical. Fue muy amada del Señor que le infundió
gracias y carismas extraordinarios de todo tipo pero sobre todo le hizo vivir las
maravillas de la vida contemplativa en la que llegó a hacer grandes progresos.
Sus devociones predilectas fueron el Sagrado Corazón de Jesús, el Santísimo Sacramento
y la Virgen María, especialmente en el misterio de la Asunción .
El famoso P. Jerónimo Gracián ( + 1614) que la conoció y trató mucho, veintiséis
años antes de morir ella ya la elogió grandemente en su obra Peregrinación de
Anastasio. Murió el 13 de septiembre de 1640. Fue beatificada el 14 de noviembre de 1976.
OTROS SANTOS: Santa María de Montealegre; Nª. Sª. de
Gracia; Santo Nombre de María; Nª Sª. de Lluc; Nª. Sª. de la Salud; Nª. Sª. del
Henar; Santa María de Estíbaliz; Autónomo,
Curonoto, obispos; Hierónides, Leoncio, Serapión, Selesio, Valeriano, Estratón,
Macedonio, Teódulo, Taciano, mártires; Sacerdote, Silvino, obispos; Alberto, obispo; Pedro de Tarentasia; Beato Apolinar Franco,
presbítero y mártir.
