14 DE SEPTIEMBRE
EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
La veneración de la
Santa Cruz, 14 de septiembre, va unida a las solemnidades de la dedicación de la
basílica de la Resurrección erigida sobre el sepulcro de Cristo (año 335). Pero, al
mismo tiempo, se inserta dentro de un contexto bíblico que realza su importancia: «El
décimo día de este séptimo mes será el día de la Expiación, en el que ofreceréis
durante siete días la fiesta de las Tiendas en honor al Señor. Durante siete días
habitaréis en cabañas» (Lev 23, 34 y 42). Como es sabido, la carta a los Hebreos
interpreta el sacrificio de Cristo relacionándolo con la liturgia del- día de la
Expiación (Hebr 9, 9-12), y fue durante ese tiempo cuando Jesús declaró: «el que tenga
sed, que venga a mí". (Jn. 7, 37)
Cristo ofreció sobre la cruz su sacrificio para la expiación de los pecados de muchos;
la Cruz es, para el pueblo cristiano, el signo de la esperanza del Reino, que el pueblo
judío celebraba durante la fiesta de los Tabernáculos. Eso da a entender con qué luz
brilla la Cruz gloriosa de Jesús: la Cruz, que había sido motivo de desprecio, se ha
convertido en nuestra gloria. Si el árbol plantado en el paraíso le produjo a Adán un
fruto de muerte, el árbol de la cruz nos ha proporcionado un fruto de vida, Cristo, en
quien «está nuestra salvación, vida y resurrección».
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En ciertos restaurantes de Nueva York o Los Ángeles puedes ser servido por un
aspirante a actor o actriz. Si ellos tienen surte, y tú buena memoria, algún día
podrías incluso ser capaz de decir que te sirvió la ensalada el ganador de un premio de
la Academia.
El conde Enrique de Rattenberg podría ir aún más lejos. Fue servido por una santa.
Santa Notburga fue sirvienta de cocina del conde. Uno de sus actos de caridad era coger
los restos y entregarlos a los pobres. la mujer del conde insistió en que, en vez de
ello, alimentase a los cerdos. Notburga obedeció, por un tiempo; luego imaginó que los
pobres necesitaban los restos más que los cerdos. Cuando la condesa descubrió que sus
órdenes habían sido ignoradas, expulsó a Notburga. Sin embargo, la historia tiene un
final feliz (al menos para Notburga). La condesa murió, el conde se volvió a casar y
volvió a contratar a Notburga. También le permitió que volviese a alimentar a los
pobres.
Nunca sabemos cuándo nos encontraremos con un santo. Dicho en pocas palabras, un santo es
alguien que se encuentra actualmente en el cielo. La principal diferencia entre un santo
con «S» mayúscula y el resto de quienes están en el cielo es que los primeros han sido
reconocidos oficialmente por la Iglesia. Pero ello no significa que la persona que te
sirve a la mesa no sea un santo. Sólo significa que aún no está en el cielo.
OTROS SANTOS: Cornelio, papa; Rosula, Crescenciano, Víctor, General, Cereal y Salustiana, mártires; Crescencio, niño mártir; Pedro y Alberto, obispos.
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