SANTOS COSME Y DAMIÁN ¿303?
Cuando
el papa Félix IV (526-530) tomó la audaz iniciativa de introducir el culto cristiano en
pleno Foro romano - transformando en templo un antiguo edificio - creyó que no podía
hacer cosa mejor para que su decisión resultara popular que dedicar la nueva basílica a
los Santos Cosme y Damián, cuyo culto se había extendido por todas las riberas
mediterráneas. ¿Hay, por lo demás, alguna otra noticia acerca de estos dos mártires de
Cyro, junto al Alepo?.
Nada, fuera de sus nombres y del fervor del culto que los rodea. Hasta tal punto
florecían los milagros sobre sus tumbas que su leyenda nos los presenta como médicos,
que desempeñaban su profesión gratuitamente. Para quien peregrina a Roma, permanecen en
el recuerdo, gracias al mosaico absidial de su basílica, como las dos admirables figuras
que ofrecen, bajo Pedro y Pablo, sus coronas a Cristo que se adentra por un camino de
gloria; los mediadores de gracia, en los que el pueblo puede depositar siempre su esperanza
- spes salutis - como reza la inscripción del siglo VI. Dentro del formulario de la
Misa, llama la atención la oración sobre las ofrendas, que es propia de los Santos Cosme
y Damián: hace hincapié en la relación que media entre el martirio cristiano y el
sacrificio de Cristo, el «testigo fiel» (Ap 1, 5): «Te ofrecemos, Señor, el mismo
sacrificio de la Cruz, fundamento y modelo de todo martirio».
Algunos santos han sido venerados durante casi toda la historia de la cristiandad, pese a
que prácticamente no se conozca nada acerca de ellos. Cosme y Damián son dos de esos
misteriosos héroes de la fe. Lo único que sabemos de seguro es que sus nombres están
registrados en la Oración Eucarística de la Misa. La leyenda, sin embargo, sostiene que
fueron hermanos gemelos que practicaron la medicina en Siria. Médicos competentes, fueron
llamados los desadinerados, pues no cobraban por sus servicios. Quizá ese simple milagro
sea suficiente para mantener su recuerdo durante más de seiscientos años.
Si tienes un talento o habilidad Particular, ¿alguna vez lo regalas, 0 siempre esperas
ser pagado por tus servicios? A veces perdemos de vista el hecho de que nuestros talentos
y habilidades nos han sido dados no para acumular tesoros terrenales, sino para bien de
toda la humanidad.
Pero trabajé duro para tener lo que tengo, podrías objetar, y creer que mereces ser
pagado por tu trabajo. Eso es cierto y nadie, ni siquiera los santos, diría que has de
regalarlo todo. Pero dar no es una obligación es un modo de decir gracias por todo lo que
tienes. Como dice el evangelio de Mateo: «Libremente recibisteis, libremente dad» (Mateo
10:8). Cuando damos, no sólo bendecimos a los demás, sino que también reconocemos el
hecho de que nosotros hemos sido bendecidos.
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